La nostalgia postlatinoamericana de Chicano Batman

Por Mariana Mata

La música latina siempre ha sido un mercado importante para el mercado angloamericano. Esta etiqueta puede sonar simplona e incluso despectiva. Muchas veces lo es. En un sentido comercial, no se trata de un tipo de música con profundos elementos distintivos de una zona latinoamericana en específico, sino una categoría en la que se ha agrupado en las últimas décadas a cantantes son sabor «exótico» y «curioso» para un escucha acostumbrado a fórmulas predominantemente pop. Así, han desfilado artistas como Gloria Stefan en los 80, Selena y Ricky Martin en los 90, Shakira en la década pasada. Luis Fonsi, Daddy Yankee, Enrique Iglesias actualmente ocupan ese lugar. Pero si rascamos un poco en la música generada en territorios como Los Ángeles, San Diego, y en general en toda la Costa Oeste gringa, encontraremos propuestas que verdaderamente abogan por un sentido de lo latino visto ahora como un fuerte cariz identitario y estético, pero sin olvidar que se encuentran en un contexto gringo de grandes avenidas, malls, multiculturalidad y un constante flujo migratorio.

Chicano Batman representa como pocos grupos esa mixtura de culturas tan propia de nuestra época posmoderna. Formada por Bardo Martínez (voz, guitarra, teclados), Eduardo Arenas (voz, guitarra), Gabriel Villa (voz, batería) y Carlos Arévalo (guitarra), la banda angelina es una paradoja musical: suenan a algo tremendamente nostálgico, pero lo cierto es que también suenan como nadie. Mucho de ello tienen que ver  las raíces e intereses de cada uno de sus integrantes: Bardo es mitad colombiano, mitad mexicano, Eduardo es mexico-americano, Gabriel es colombiano y Carlos es de ascendencia salvadoreña y mexicana. Esto se traduce en una multiplicidad de gustos musicales que se amalgaman en un nombre absurdo y genial que refleja su mixtura ecléctica. Como ver un grafiti de la virgen de Guadalupe con pasamontañas en una calle de West L.A., comer sushi empanizado con chiles toreados, usar un vestido de 15 años color pastel con unos Converse sucios, poner un loop de Caetano Veloso sobre una canción de Led Zeppelin, caminar sobre un Acapulco de tonos lisérgicos bebiendo una piña colada. Es la música que los tíos ponían una tarde calurosa de domingo mientras tú ayudabas a poner el mantel limpio en el comedor. Chicano Batman es todo eso, más el filtro de grandes referentes latinos como Los Lobos, Ritchie Valens, la Tropicalia de Caetano y Gal Costa y unas baladas nostálgicas con mucho reverb. Un spleen retrofuturista postlatinoamericano.

Descubrí a Chicano Batman gracias a una de las sesiones de la emisora de Seattle, KEXP. Recuerdo haber visto esas mismas camisas con escarolas en la televisión mexicana setentera. Nombres como Los Ángeles Negros o los Pasteles Verdes vinieron a mi cabeza, el sonido que los Beastie Boys utilizaron en uno de sus samples de «The Move». Su vestimenta parecía salida de una época lejana acostumbrada a los pantalones acampanados, los cuellos largos y picudos y la predilección por los colores suaves. Esas camisas me hicieron recordar también algunos éxitos de Rigo Tovar. Su peculiar sonido organillesco se combina con efectos de guitarra y escalas que llevan estos sonidos de 1970 al siguiente nivel. Aquí la mezcla de viejo y nuevo se fusiona de manera funcional para dar un peculiar sonido de orgullosas raíces latinoamericanas.

Es posible encontrar este brote de orgullo latinoaméricano a lo largo y ancho del continente en bandas como Os Mutantes y los Saicos. La lista puede extenderse a la tradición de baladistas y cantautores brasileños, argentinos y chilenos de los 70. Ese abrazo a los ritmos cálidos como la cumbia o el sonido tropical despliega ante el escucha una novedosa variedad y experimentaciones sonoras asociadas al rock, el surf, y algunos toques de psicodelia. Chicano Batman es para escucharse en cualquier lugar, con una compañía sin complicaciones combinando todo. Más que una propuesta estética, su estilo es un performance sonoro que nos recuerda un pasado reimaginado en color sepia. Nos recuerda la cultura fronteriza, donde la identidad se abastece de las diferencias culturales. Aquí es posible escuchar el idioma español con un acento diferente, y escuchar sonidos que nos recuerdan una Latinoamérica reinventada con sonidos de los 60 y 70 pero con letras cantadas en inglés. Lo relevante es que su sonido no conoce fronteras y en pleno 2017 podemos tener un espectáculo como éste.

**Chicano Batman se presentará por primera vez en la Ciudad de México en el Lunario del Auditorio Nacional el próximo 21 de junio**