«Hoy en día alguien puede matar a 50 personas y no lo van a buscar»: Ludovic Bonleux

Por Luis Manuel Rivera

Fotografía: Mauricio Rosas 

Ludovic Bonleux (Arcachón, Francia, 1974) tiene una historia con Guerrero, en realidad muchas. Hace casi 15 años llegó a uno de los estados más violentos de México para intentar contar una de ellas en formato de ensayo fotográfico bajo el título La herencia de los guerreros. Luego de mucho tiempo de investigación y de un par de trabajos de carácter audiovisual, hoy percibe cerrar un ciclo en aquel lugar con el documental Guerrero, que estrenó recientemente dentro de la gira de documentales Ambulante.

A pesar de llevar mucho tiempo en el país, Ludovic no abandona su tono francés y esa particular acentuación en la última sílaba que hacen los francoparlantes cuando hablan español. Se define como un radical de la política en constante autocrítica y en búsqueda de las mejoras que todo movimiento social requiere.

Guerrero es protagonizado por Coni, Mario y Juan, activistas que desde su trinchera y particular visión de las cosas, defienden con inteligencia una integridad que el Estado no les ha querido otorgar. La dignidad que aún les queda a los suyos. Bajo el discurso de ellos, la película retrata de manera cruda las condiciones críticas que vive el estado, particularmente la sierra, a partir de un hecho específico: las convulsas elecciones del 7 de junio de 2015.

Charlamos con Ludovic sobre su documental, sobre las posibilidades que tuvo ahora para desarrollarlo, sobre la industria del cine y por supuesto sobre el estado de Guerrero. El sitio, una terraza en la colonia del Valle debajo de un sol incandescente que aunque pareciera muy similar al que cae sobre los personajes de su película, seguramente en la realidad lo es mucho menos.

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Guerrero y tus dos películas anteriores no son precisamente de corte cinematográfico muy estético, ¿qué obstáculos te has encontrado para mostrarlas en festivales?, que a pesar de ser una salida más natural que la cartelera comercial, no dejan de funcionar de cierta manera. 

Yo no sé bien cómo funcionan los festivales, sinceramente no entiendo. El primer documental que hice, El crimen de Zacarías Barrientos, es cierto que era más de talking heads y archivo, cosa que no les gusta mucho a los festivales hoy en día, sin embargo estuvo en el FICCO, aunque no tuvo mucho éxito. Después Acuérdate de Acapulco, que intenté hacer  –con sus fallas técnicas– más propicio y con más movilidad en la realización, sí estuvo en algunos festivales pero tampoco tuvo gran éxito. Y ahorita Guerrero, que tal vez es más crudo, lo selecciónó Ambulante, creo que también por el tema, porque en un documental si el tema es más sencillo de agarrar, va a tener más impacto.

En realidad yo trabajaba sobre desaparecidos en Guerrero en 2008 y a poca gente le interesaba. Ahorita que presento otra cosa en 2017 ya interesa.

Eres historiador de formación, ¿fue la historia la que te llevó a retratar lo que estudiabas de manera audiovisual o cómo fue ese proceso hacia el documental?

Me acerqué al estado de Guerrero en 2002 para hacer un documental fotográfico sobre la situación de violencia política del estado, en ese entonces era después de las masacres de Aguas Blancas, de El Charco, había muchos presos políticos y movimientos de guerrilla también. La idea era retratar ese ambiente. Lo que pasa es que me di cuenta muy rápidamente que esos problemas que encontraba en Guerrero venían de los años 60s y 70s, cuando hubo la Guerra Sucia, la guerrilla de Lucio Cabañas y los desaparecidos de ese entonces, lo que me llevó a hacer mi primer documental en video, justamente sobre los desaparecidos y sobre la fiscalía especial, la FEMOSPP (Fiscalía Especial para los Movimientos Sociales y Políticos del Pasado) que fue montada para intentar juzgar a los responsables de la Guerra Sucia, pero acabó sin juzgar a nadie y según yo hasta reforzó el estado de impunidad en Guerrero y en México.

Hoy en día alguien puede matar a 50 personas y no lo van a buscar, en parte porque no juzgaron a los que habían hecho lo mismo hace 40 años.

En general dentro de tu trabajo, ¿te motiva más una cuestión artística o de denuncia?

Las dos, siempre las dos fueron muy pegadas. Sí había algo de denuncia, por supuesto, pero esa denuncia siempre trato de hacerla con un sentido crítico, no quiero hacer un panfleto o una geografía de gente que está luchando por el bien, quiero enseñar también sus defectos, y luego siempre con una visión estética particular y cada proyecto tiene la suya. El documental fotográfico, que se llama La herencia de los guerreros, era en blanco y negro, muy oscuro. Y ahorita Guerrero es más luminoso, también porque está siempre el sol ahí pegando a la gente, como el Estado le está pegando a la gente, como los narcos le están pegando a la gente, entonces por eso es así, es una imagen cruda porque la realidad es muy cruda. Y una edición también bastante cruda, con muy poca música.

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Para Guerrero estuviste respaldado por Bambú Audiovisual, quienes tienen una trayectoria ya importante sobre todo en el ámbito documental, ¿cómo te acercaste a ellos y cómo te sentó entrar en el engranaje de una industria de la que no necesariamente eras parte con tus trabajos anteriores?

Yo había intentado conseguir apoyos de IMCINE antes y no los había tenido por muchas razones. [Ahora fue posible] quizá por la fuerza del proyecto, la madurez y por la gente que te  apoya a redactar la carpeta, porque en este sentido Emiliano [Altuna] y Carlos [Rossini] son muy buenos productores, porque no es nada más conseguir fondos y gastarlos, es pensar el proyecto y ver cómo se puede sacar lo mejor del proyecto, respetando por supuesto la idea original.

Los conocía desde antes. Con Carlos pasamos un mes filmando la caravana de Javier Sicilia a Estados Unidos y ahí vivimos muchos momentos de compañerismo donde se estrechan los lazos, luego seguimos viéndonos para rentar un equipo y cosas así. Entonces un día hablamos por teléfono y me dijeron, oye, pasó lo de Ayotzinapa, tú con toda tu historia en Guerrero no tienes un proyecto, y les dije, sí, justamente tengo uno. Y así fue, les gustó. Pero desde ahí lo empecé porque tengo la experiencia de que si tengo que esperar los fondos no puedo hacer nada. Entonces voy con mi cámara y filmo, eso también me permite ver cómo reaccionan las personas que quiero filmar y saber si son personajes cinematográficos posibles. Empezamos a desarrollar el proyecto y en un momento clave me apoyaron mucho. Pasaron las elecciones del 7 de junio [2015] y no teníamos apoyo en ese entonces. Mi idea era estar en varias partes del estado al mismo tiempo para registrar los puntos de vista de los personajes sobre lo que estaba pasando. Algo que yo quería hacer en mi documental de Acapulco, que son 5 personas durante semana santa, y no lo había podido hacer porque solo era yo y mi camarita, entonces fui varias semanas santas a Acapulco para filmar esto. Pero aquí sí era necesario hacerlo al mismo tiempo, entonces ellos consiguieron apoyos, con Ernesto Pardo, Ricardo del Conde, Ernesto Lovato etc.. Fuimos todos al lugar, lo que permitió filmar esos días de las elecciones, que están en el documental, y eso para mí es fantástico porque no está recreado. Tenemos el mismo día a un tipo que se muere, otro lugar donde entierran a unas víctimas de un enfrentamiento y en otro lugar a alguien que está excavando para encontrar a su hermano. Es horrible por supuesto, pero es la gran fuerza del documental.

Después pudimos tener apoyos, lo que permitió filmar muchas secuencias que son más pausadas en comparación de las que yo filmé de enfrentamientos y cosas así, otras que son más íntimas con los personajes que aparecen en el documental, y eso está muy bonito, porque gracias a esos momentos pudimos forjar los personajes con calma, las identidades, algo que se trabajó también muchos meses con Pedro G. García (el editor). Estábamos pensando, bueno, aquí debemos tener cierto tipo de escena, entonces ya regresábamos con los apoyos de IMCINE y todo un crew, uno pequeño claro, a filmarlas.

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Un presupuesto de este tipo, que aunque en evidencia te da más soltura económica, de alguna forma también limita tu libertad y los tiempos que tenías en la independencia. Platicábamos con Miguel Calderón hace un tiempo y él se arrepiente un poco de haberse metido a hacer cine dentro de las normas de esta industria, ¿tú cómo enfrentaste esto? 

Eso lo temí mucho al principio, antes de ir con el crew. Trabajar con gente que tiene su idea de la cinematografía puede ser muy complicado. Una cosa es dirigir cuando estás solo y otra dirigir cuando es en grupo. Eso sí me causó mucho estrés, tal vez más que otras cosas de la película, pero creo que al final lo llevamos bien. Al final tengo que trabajar con gente con quien me llevo bien y de esa forma logramos hacer las cosas bien, ellos aportaron mucho y creo que se complementan esas imágenes [las que grabé antes de ir con un equipo] con la película.

Después hay que ver con otros proyectos cómo trabajar, porque justamente quiero tener mucho cuidado. Quiero seguir yendo solo, ser capaz de hacer las cosas solo, mejorarme cuando hago las cosas solo, porque a veces técnicamente las cosas no me salen muy bien. Pero estoy bien, ahorita tengo esas dos opciones y me agrada porque también entendí muchas cosas que por miedo de trabajar con otros a veces dices, mejor que no se metan, yo hago las cosas solo, con mis pequeños errores pero a mi manera. Al final trabajar con otros te abre posibilidades muy grandes. Yo creo que una película es también eso, la democratización de muchos esfuerzos y visiones que logramos. Si lo hubiera hecho solo hubiera sido muy diferente.

¿Qué tanto material del que grabaste antes de entrar en mancuerna, se quedó en el corte definitivo?

Más o menos un 30-40% de tiempo en pantalla.

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Este tipo de documentales que tienen un fondo complicado para el país pero a la vez necesario, ¿cual es la utilidad que les encuentras en el ámbito social? El periodismo no es para cambiar las cosas, sino para mostrar lo que sucede, sin embargo mucha gente hace periodismo intentando que las cosas cambien. Tu herramienta, en este caso el documental, ¿qué motivación tiene o qué esperas que suceda una vez que llegue a cierto número de personas?

Tengo grandes dudas sobre el poder de un documental para cambiar una situación. Lo que sí espero es que se pueda generar un cambio en algunas cabezas de la gente que lo ve. Este cambio principalmente es tener una visión más cercana, más empatía con esa gente que a veces uno ve como revoltosos que bloquean carreteras y que nada más impiden vivir bien. Yo espero que ese acercamiento con esas personas complejas pueda cambiar un poquito cuando vea marchar a alguien marchar y diga, no, tal vez este tipo si marcha es porque no tiene de otra. También espero que la misma gente de Guerrero que vea este documental, pueda reflexionar un poquito sobre lo que están haciendo, porque mi visión no es panfletaria, no estoy haciendo propaganda para movimientos sociales. Tengo mucha admiración por esa gente, pero también quiero enseñar las cosas que veo que no cuadran bien y que es normal porque son intentos. En ese sentido espero que la gente se pueda ver en el espejo y pueda tal vez repensar algunas formas de lucha y retomar otras. Este espejo también está en una marcha. [En el documental aparece] una marcha en el DF y por eso les pedí a los compañeros que estaban filmando que se enfocaran mucho en la gente que está mirando, en la gente que se toma selfies y así, para también generar tal vez un poco de autocrítica frente a cómo se toman estas cosas en la capital del país. Que sí, nos indigna la desaparición de los 43, vamos a una marcha y después no sabemos ni qué hacer, y se queda así como en el limbo, a esperar el otro movimiento, el 132, Atenco… pero sin saber realmente qué se puede hacer. Y al final, esas personas que aparecen en el documental, son gente que hace cosas. Tal vez no  lo logran pero por lo menos intentan cambiar las cosas.

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Ultimamente han habido otros documentales sobre Guerrero, específicamente sobre Ayotzinapa, que a mi parecer tratan de tomar una postura más radical, más de izquierda de manera muy marcada, y no un trabajo más alejado de la subjetividad. ¿Tú qué buscabas en comparación de este tipo de trabajos y si al final crees que lo lograste?

Esos documentales sobre Ayotzinapa también son muy importantes en el sentido que muchos son investigaciones sobre cómo han pasado las cosas. También son necesarios.

Yo soy muy radical políticamente pero creo que mi radicalismo está siempre también en la [auto] crítica, es decir, no puedo tomar una bandera aunque concuerde con algunas ideas. Siempre me tengo que estar chingando para ver lo que puede fallar, porque las cosas se tienen que mejorar, y cualquier movimiento político se tiene que mejorar. Hay movimientos políticos de liberación que se han vuelto grandes dictaduras, entonces hay que tener mucho cuidado con esto y no estar en la simplificación a la que a veces nos llama la propaganda. Mi radicalismo nace o reside en el hecho de estar así, enseñando las cosas francamente, sin tratar de engañar. De todos modos cuando alguien tiene una cámara también tiene un punto de vista y de alguna manera orienta la mirada en ciertas cosas, pero trato de ser franco.

Hablando de los personajes, supongo que te fuiste encontrando con personas más y menos interesantes. ¿Al final por qué decides contarlo a través del discurso de tres, dos hombres y una mujer?

Es cierto que en algún momento sí hemos pensado con el editor en cambiar la película, más que todo por problemas de seguridad. Se hubiera podido hacer otra película, pero lo platiqué con cada uno de los protagonistas y les enseñé un corte que era muy aproximado al corte que vemos ahorita y les dije, qué hacemos, seguimos o no, me dijeron que sí bajo unas condiciones, las cuales respeté.

Sí se hubiera podido enfocar en un personaje que sale muy bien a la cámara y del que hay mucho más material aún, no te digo cual. Pero la idea también era eso, varias personas en Guerrero, esa era la original y decidimos con el editor quedarnos en esto. Hubiera podido ser otra película y tal vez muy exitosa pero también más políticamente correcta, porque es lo que busca la gente, una historia de derechos humanos, ¿no? Porque cuando ves gente que sí se pelea con armas, con piedras, pues es menos políticamente correcto. Pero ahí está Guerrero, que se pelea con armas, machetes, piedras o sin nada, a veces pacíficamente también. Para mí ahí está la esencia de Guerrero.

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De lo que puedes hablar, ¿cuales fueron las cosas que por seguridad no se pudieron incluir?

Pocas. En realidad son cosas de discreción. Al final no hay nada que no sepan los servicios de inteligencia y tampoco hay algo para acusar a alguien. Si realmente con este documental quieren acusar a alguien de haber hecho algo mal, ahí se va a armar un gran pedo porque no hay nada que acuse a gente.

¿Qué obstáculos tuvieron con la policía?, porque de alguna forma ellos saben que ustedes van, no en contra de ellos, pero sí a evidenciar un problema del que son parte. 

Pero depende, porque a veces la cámara asusta más a los grupos sociales que a los policías, porque en una marcha la policía en general va a tener al camarógrafo ahí. Lo que sí creo que no les gustaba es que yo estaba siempre en medio de la gente. Hay un punto de vista, siempre estamos con la gente. Los únicos momentos en los que no estamos con la gente y estamos con la policía, son imágenes bajadas de internet tomadas por otras personas.

Hubo un policía que me dijo, cuídese, no le vaya a pasar algo con alguien de la colonia, y ellos, no, a él lo le va a pasar nada, nosotros lo protegemos. Y hubieron momentos complicados en los que sí me protegieron.

Al final son momentos sí un poco peligrosos, pero hay otras cosas más peligrosas.

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Tengo la percepción que sobre todo en el documental, el verdadero guion termina siendo el montaje. Veo que partes con una idea muy clara para hacer Guerrero que no sé si al final se cumpla, ¿trabajas con algún guion muy específico?

Sí, es una dirección, yo puedo escribir mucho. Además para hacer carpetas necesitas tener algo muy detallado, y está bien, a mí me ayuda. Al principio, la primera vez que hice eso dije, qué tontería hacer un guion para un documental [risas]. Pero en realidad me ayuda muchísimo para ver lo que tengo, porque empiezo a filmar también y tengo cosas, y adonde quiero ir, entonces eso sí me ayuda muchísimo, pero como bien dices, el último guion está hecho en el cuarto de edición.

Cuando escribo la escaleta me enfoco en lo que quiero y lo que tengo que ir a buscar, pero en realidad siempre es diferente y es lo bonito del documental, que uno va a buscar algo y al final encuentra otra cosa que está al lado de lo que estabas buscando. Hay que tener un dirección pero estar abierto al cambio. Y sí, hay 200 horas [de material] y se hace una película de dos horas, hay cosas que se quedan y otras que se van.

Lo que sí, Pedro, el editor, tuvo bastante libertad pero también respetó mucho la cronología que yo le había pedido, la cual está bastante cercana a la cronología de la filmación. Por supuesto que hay una escena filmada al final que está al principio pero en general vamos más o menos en línea, y me gusta mucho, no soy un talibán de la sucesión de los hechos pero me agrada que se pudo quedar más o menos así, sobre todo por el momento de las elecciones.

Para tus documentales futuros, ¿te surge la necesidad de trabajar más con el lenguaje cinematográfico sin necesariamente abandonar los temas de denuncia?

Yo creo que tiene un aspecto cinematográfico este documental aunque sea muy bruto, es su característica, y también en la edición y fotografía con el contraste de unos momentos de caras muy cercanas. Pero sí, el próximo proyecto que además quiero hacerlo con un poquito más de tiempo, voy a pensar muy bien la estética visual. Pero va a ser también una historia muy fuerte de derechos humanos.

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¿Y en Guerrero también?

No, ahora me gustaría que fuera en otras partes de México.

¿Por qué te interesó tanto ese estado desde un inicio?

Hay dos cosas. Una, un poquito la casualidad de que yo buscaba un tema por desarrollar. Quieres ser fotógrafo de prensa o de documental y buscas unos temas, entonces ahí estaba un tema. Pero también algo más lejano es que de niño vi en la televisión cosas de Acapulco, el Pacífico, el mar, a mí me encantaba, tal vez eso me llevó por ahí. No se ve el mar en la película pero me encanta estar cerca del mar.

Y después lo que pasa es que Guerrero no me ha dejado, un poquito como México, siempre que fui hay algo que me hace tener otro proyecto. Pero ahorita tengo la impresión de que este documental es la finalización de mi documental fotográfico, de un ciclo. Hay un montón de historias ahí pero ahorita no tengo ganas. Lo veo redondo, ya di mi contribución de Guerrero.

Aunque es difícil hacerlo, te lo pregunto particularmente a ti tras este ciclo tan extenso, ¿cómo definirías al estado de Guerrero?

Es un estado de esos del sur de México muy radicales, muy humano, en el sentido de que es un lugar de mucho compañerismo, mucha hermandad, pero también de mucha  traición entre hermanos, entre la misma gente. Es un lugar donde ves unos cerros maravillosos pero sabes que ahí están fosas clandestinas, que son de ahorita pero también de hace 50 años. Es como esa cosa muy ambivalente, muy bella pero también aterrorizante.

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