El mito de la tortuga inalcanzable: Tortoise en el Festival Nrmal 2017

Por Mariana Mata

Tortoise, tortoise, tortoise. La primera asociación con una tortuga que viene a mi mente es el mito de Aquiles y la tortuga, que explicaban en alguna clase de matemáticas, la cual vagamente puedo recordar. La historia es sencilla pero poderosa: una carrera imaginaria entre el hábil semidiós y el pausado reptil. El primero, que conoce sus habilidades, decide darle ventaja al animal. Para su sorpresa, Aquiles jamás podrá alcanzar a la tortuga. En esencia este relato pretendía demostrar que todo lo que se percibe en el universo es ilusorio, como el movimiento, pero puede ser dividido en un número infinito de veces. Y este mito es un poco como se puede concebir a esta banda de multinstrumentistas: la experimentación musical sería la tortuga y Tortoise jugaría el papel de Aquiles intentado alcanzar esta ilusión de armadura sónica.

Tortoise se formó en los últimos años de la década de los 80. Originarios de Chicago, la ciudad de los Smashing Pumpkins, Ministry y Sede una de las escenas mas importantes de jazz. Pertenece a la generación que vio nacer, crecer y morir a la escena alternativa de los noventa. Y durante los siguientes años la cultura musical popular sucumbió ante las numerosas bandas pop fabricadas para el consumo. Pero eso es tema de otro relato.

En la búsqueda de algo que hacer, surge esta icónica banda que haría crecer al género denominado post-rock, etiqueta que ha servido para catalogar a artistas a menudo disímbolos entre sí como 65daysofstatic, Explosions In The Sky o GodSpeed You! Black Emperor, pero vinculados por el drone y la abrasividad instrumental. Tortoise es una de sus caras más evidentes.

En 1990 y tras varios experimentos, John Herdon y Dough McCombs decidieron que la banda que imaginaban debería tener dos bateristas y dos guitarristas. El resto fue ocurriendo. Antes de formar Tortoise, tocaban en bandas de punk y hardcore. Los elementos electrónicos llegaron con los años. John McEntire introdujó la síntesis sonora. Uno de los primeros sintetizadores utilizados por él fue el EMF Putney, que data de los 70. Esta experimentación se puede escuchar en el álbum homónimo de 1994. Dos años más tarde, sentaron la pauta para el resto de sus discos, caracterizados todos por la improvisación, las polirritmias, la repetición de algunos motivos y lo que podríamos llamar un virtuosismo basado en la mesura. Millions Now Living Will Never Die fue el álbum que dictó un momento en la música: el post-rock llegó para decir: no hay nada, todo es válido, hay que experimentar.

Desde entonces, la banda fusiona géneros musicales como el rock, tintes electrónicos, jazz, punk (asimilado mayormente en los primeros discos), algo de dub, mucho de krautrock y por supuesto —al ser una banda casi instrumental— progresivo. Su sonido se va quemando poco a poco, expanden las olas sonoras para después hacerlas caer en una atmósfera de oscuridad, momentáneamente el ambiente se vicia de un eco épico.

Tras Beacons of Ancestorship (2009) tardaron siete años en publicar una nueva producción. The Cathastrophist (2016) es un poco como el mito de Aquiles y la tortuga, ya que fue construido poco a poco. Después de un largo descanso y como parte de un proyecto de la Comisión de la Ciudad de Chicago, se creó un álbum basado en la herencia de esta ciudad. Incluye una colaboración vocal con Bonnie Prince Billy, y Georgia Hubley (Yo la Tengo) para la canción «Yonder Blue», al puro estilo de Yo la Tengo. «Hot Coffee» es quizá la canción con la gestación más larga: la banda la dio a conocer hace más de 10 años y originalmente fue pensada para estar en el álbum de 2009.

En suma, la estética de la banda es innegable y reconocible disco tras disco. Gracias a ellos es posible que bandas como Animal Collective o Battles no naveguen solas en el mundo del rock experimental. Esta es sin duda alguna una presentación que valdrá la pena ver en vivo en el Festival Nrmal 2017, a celebrarse el próximo 11 y 12 de marzo.

brianjonestown