Kim Gordon: semidiosa del noise, icono musical, gurú de la moda… ¿artista visual?

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Por Mariana Mata

Kim Gordon viene a la Ciudad de México el 9 de febrero a las 7 pm. La sede: Casa Bosques, librería especializada en arte, diseño y arquitectura ubicada en la Colonia Roma. El motivo es una firma de objetos, y de su más reciente libro, Noise Name Paintings and Sculptures of Rock Bands That Are Broken Up.

Después de esta noticia yo no pienso en el libro ni en su precio: mil 900 pesos que aseguran la entrada a la firma de objetos de este icono del noise. Mi cabeza me manda directo a la nostalgia adolescente y después a una pregunta más importante: ¿en verdad su producción artística no musical valdrá la pena?

La primera vez que vi a Kim Gordon fue con Sonic Youth, en 2007. Yo tenía 17 años, el lugar aún se llamaba Salón Cuervo y una entrada costaba 400 pesos. De esa experiencia sólo me queda el recuerdo del boleto y una vieja playera que guardo en algún montón de ropa. Aquel día aún navega en mis recuerdos, es la fecha en que la distorsión alimentó mis pulsiones musicales de adolescencia. Sonic Youth sigue siendo una de aquellas bandas que para casi todos parece sólo ruido. Pero se trata de una manifestación estética: no sólo a través del sonido (su experimentación con la distorsión), sino también de las posibilidades de la imagen.

Kim Gordon es una figura emblemática por muchas razones. Su imagen no sólo contribuyó a la construcción de la diferencia en una industria liderada por el género masculino, creo además una identidad femenina propia alejada de los clichés de la música pop. No era una Madonna de la década de 1980 o una Britney Spears de MTV de finales de los 90 y principios del milenio; tampoco era una fabricación para el mercado adolescente. Se trataba de una mujer que podía tocar un instrumento y compartir el escenario con tres hombres. En 2007 vi a Kim Gordon usar zapatos de diseñador mientras tocaba un bajo Fender en un vestido que nada tenía que ver con lo que la típica imagen del rock and roll dictaba.

Con una peculiar y muy reconocible voz y un modesto talento en el bajo, las historias sobre esta mujer inundan mi mente. Fue una de las figuras que se encargaron de que Nirvana firmara con Geffen, fue amiga de Courtney Love (produjo el primer disco de Hole) y Kurt Cobain, vivió con Jenny Holzer; participó, quizá sin pretenderlo, en la creación de un movimiento llamado Riot Grrrl. Ha actuado en películas de Gus Van Sant, Todd Haynes y Olivier Assayas. La lista es vasta.

El episodio más largo y duradero de su vida fue su trabajo en Sonic Youth por casi 30 años. Esta mujer es sumamente prolífica: ha explorado diversas manifestaciones como el diseño, la moda, la escritura y la exploración sonora.

La exploración de Kim 

Kim Gordon nació en 1953, estudió artes en la década de 1970 y se graduó de la Ottis College of Art and Design de Los Ángeles. Al llegar a Nueva York trabajó en varias galerías de SoHo, antes de ser parte del movimiento NoWave y de formar Sonic Youth en 1981. Algo de su trabajo quedó plasmado en las portadas de esta banda: la ilustración de Confusion is Sex es de su autoría. Su campo de exploración se expandió a la moda. En 1991 comenzó a desarrollar una línea de ropa que se llamaría X -Girl, con un estilo que recuerda a las mujeres de las películas de Godard, y a los adolescentes de los largomentrajes de Gus Van Sant. Algo como grunge, skate, mujeres adolescentes.

De las colaboraciones de este periodo destaca su trabajo con Sofia Coppola y Spike Jonze, quienes produjeron el primer desfile. Uno de los inversores fue Mike D (Beastie Boys). La marca pretendía llevar moda a precios accesibles: el precio límite era de 60 dólares. Este proyecto se vendió en 1998 a una compañía Japonesa llamada B´s International.

En 1993 utilizó el trabajo de Marc Jacobs en el video «Sugar Kane». Curiosamente años después (2015) participaría en una de las campañas del diseñador al lado de su hija Coco Moore. También ha trabajado para Calvin Klein, Surface to Air e Yves Saint Laurent.

Gordon y el arte

En el campo de las artes visuales Gordon exhibió por primera vez en 1981 bajo el nombre de «Design Office». También trabajó como curadora en la galería de arte White Columns en 1982. Para el año de 1996 se involucró en la exposición titulada «Baby Generation», en una galería en Tokio. Ha colaborado para diversas exposiciones en los años 2003 en Nueva York y en 2005 en Londres. Este año también vio la luz su libro de Crónicas volumen 1: una selección de fotografías de la autora. A partir de la separación de Sonic Youth, Kim Gordon ha trabajado en diversos proyectos de arte.

Evidentemente Kim Gordon es una semidiosa del rock, icono musical, gurú del estilo de la década de 1990, pero ¿artista visual? Sabemos que se graduó de una escuela de arte, pero ¿artista visual? Evidentemente estas piezas son arte, porque un buen número de curadores y una gran institución llamada museo y galerías se han encargado de ello. ¿Fin de la discusión? ¿Artista visual? Admiro a Kim Gordon, pero mi critica de arte, que parece sacada de un periodo academicista, privilegia la forma, el contenido y algo así como la llamada técnica. Para mi subjetividad de espectador esto no es arte, esto es el aprovechamiento de un nombre.

El mercado del arte hoy en día se encuentra en un momento en el que se orienta al consumidor, así como la televisión, hay más de él, más contenido para más consumidores. Y bajo esta premisa, la obra de la cual las páginas de su más reciente libro se llenan son para un consumidor específico.

Los nombres de bandas icónicas y los tuits de celebridades intelectuales no son algo que impresione, cause una experiencia estética, o cuyo contenido nos haga preguntarnos de manera existencial el por qué del mundo actual. Para este trabajo, nos bastaría revisar el periódico o la cuenta de Twitter de Donald Trump, que tampoco son arte (espero que jamás lo sean).

Sí, su nombre es casi una marca para el statement de cualquiera que guste y pase por una revisión musical que comienza en el punk de la década de los 70. En este nuevo libro Gordon nos ofrece imágenes de su experimentación sonora, y de la puesta en escena de esta exposición en el Museo Benaki de Atenas, que pretenden evocar el sentimiento que el noise contagia, el dramático silencio blanco que se llena del ruido del pasado en marcos llenos de nombres de bandas icónicas como The Stooges, Pussi Galore, Weak Sisters, y Sonic Youth. Estos nombres son introducidos a los museos y galerías como reflejo histórico musical de una parte de Estados Unidos.

Finalmente, mi anhelo de adolescente nostálgica se quedará en el deseo de obtener un objeto firmado por esta marca registrada que conocemos como Kim Gordon.