Babyfather, un tour kilométrico de sonidos mutantes

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Por Ricardo Pineda / @Raika83

Alzar al vuelo el nombre de un disco para decir que fue el mejor del año es hablar también de nuestro sesgo, un filtro derivado de nuestros gustos más enraizados, sus limitantes y  prejuicios. Sería justo y congruente, por ejemplo, mencionar el Blackstar de Bowie, que además de ser un epitafio brutal por parte de una de las figuras más emblemáticas de la cultura popular, es un disco de alto calibre, sólido y que de alguna manera marcó la pauta de cuál sería el halo mortuorio que reinaría el resto de 2016.

2016 trajo muchos discos buenos a nivel Latinoamérica, en el jazz, en el pop, el rock, etc. Difícil tarea siempre la de coronar lo que suma de forma distinta. No obstante, ponderar también puede ser una suerte de recomendación, un reto, una invitación. En ese sentido, el nuevo proyecto del inglés Dean Blunt, viejo conocido para las huestes de la música electrónica de tinte más low-fi y experimental, es todo un batazo que no tuvo parangón a lo largo del año.

A Blunt se le conoce por ser autor de discos anómalos, ya sea en solitario o con su viejo combo de culto (Hype Williams), y por brindar “presentaciones” en vivo que ponen en predicamento al público, con un show que no entretiene, o bien un (¿performance?) arrogante y sin códigos claros.

Con Babyfather, su nuevo alias, la cosa no es muy distinta y Blunt se avienta un tour kilométrico de sonidos mutantes que parece no cerrar nunca: en ocasiones hay dub, reggae y hop lento y casero, sello de Blunt, pero otras tantas sólo pasamos por una  experimentación seca, spoken maquinado, ruidos pesadillezcos, la noción de ruido y unos macanazos al nacionalismo inglés, que convierten a este disco en un verdadero placazo al que hay que darle batalla (escucha) completa, por lo menos unas tres veces antes de rendirse.

Si bien medio disco se apoya en ese portento en mancuerna con el productor Arca llamado «Meditation», Babyfather retuerce las rolas para salir de la noción de canciones misma. Un pastiche perro, lleno de intersecciones, momentos, espacios, intersticios… Es un collage que parece que al final sí quiere ser un disco, disperso, una fiesta de amigos fumando mota mientras la torna y el micro están abiertos. En ese sentido, BBF Hosted by DJ Escrow  es un álbum que debe escucharse con atención al tiempo que no se le toma en serio, ahí radica su genialidad.

Un disco así de punk, que aún puede detonar contrastes sin consensos y que aporta a la discusión, merece ser reconocido como el mejor, ya que en todos los sentidos podría ser el peor para quienes creen que lo atinado es sumarse al consenso de los Bowies, los Balvin, los Radiohead o los Cave del mundo. A veces, la calidad de un disco no puede medirse con los mismos parámetros de siempre y es eso lo que los hace grandes. BBF Hosted by DJ Escrow es indudablemente uno de esos, que además capta desde su hermetismo y extremo localismo una suerte de observación aguda al mundo occidental contemporáneo. Ahí nomás.

Artista: Babyfather

Álbum: BBF Hosted by DJ Escrow (Hyperdub)

bbf