Apología y memoria del agua: El botón de nácar, de Patricio Guzmán

Por Luis Manuel Rivera

Se dice que el agua tiene memoria, yo digo que también tiene voz.

– Patricio Guzmán

Hay guiones de películas que uno quisiera ponerse a reescribir al instante en un cuaderno para guardarlos en la memoria por más tiempo. Pero en la primera ocasión es imposible, es más atractivo escucharlos acompañados de imágenes que, si encima son emocionantes, embonan como piezas de rompecabezas. No hay muchos casos de ello, pero cuando uno se encuentra con aquellos, vale la pena tener lápiz y papel a la mano.

El botón de nácar (2015), el más reciente trabajo del que para los latinoamericanos vendría a ser nuestro Werner Herzog (una disculpa de antemano a cualquiera que se sienta ofendido con la comparación), Patricio Guzmán, es un retrato contundente y a la vez sutil, como los que hace tiempo viene haciendo, de un pasado que no olvida con las herramientas de un presente que tiene a mano. La edad no le ha quitado la agudeza visual y tampoco la política. Se trata de un documental emparentado directamente con Nostalgia de la luz (2010), su anterior documental a este. Sólo que aquí el vehículo no es la luz, sino el agua. El objetivo es el mismo: dar testimonio del pasado más incómodo que tiene Chile.

Patricio utiliza elementos de la naturaleza para narrar lo que la dictadura le hizo a su país y testimonios emocionantes para dejar constancia de quienes lo vivieron. Una mezcla paisajista, de detalles y voces que tienen una memoria profunda. El agua, el más importante de todos los engranajes de la película, Guzmán lo utiliza porque le resulta tan moldeable como la mente humana, «Las leyes del pensamiento son las mismas que las del agua, que siempre está dispuesta a amoldarse a todo».

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Hay muchos fragmentos a lo largo de la cinta que representan muy bien las huellas que la dictadura chilena dejó en el sector indígena de la época. Ese que dejó de creer en deidades e instituciones o que quizá nunca creyó en ellas. Gabriela, uno de los testimonios, tras pensarlo un instante, asegura que no existen las palabras en la lengua de los kawésqar para nombrar ni a dios ni a la policía.

– Gabriela, ¿tú te sientes chilena?

– No, nada

– ¿Qué te sientes?

– Kawésqar

El director acude a espacios de la vida cotidiana, a personas especialistas en materias que quiere comprender para aclarar su mirada. Recuerda sus días más lejanos cuando visita a una amiga pintora para que le muestre un mapa de su país, mismo que asegura es la primera vez que lo ve completo. «En los colegios no había muros tan grandes para un país tan largo».

El lugar y el principal elemento de la película en una última frase: «El desierto de Atacama es el lugar más seco en todo el mundo. Desde aquí los astrónomos han descubierto agua en casi todo el cosmos».

Ambulante, en colaboración con los Premios Fénix, presentan El botón de nácar este viernes  2 de diciembre a las 19:00 hrs. en el Teatro Ángela Peralta.

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