Festival del Puerto: cine y alfombras de arena. Entrevista con Nino Cozzi

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Por Óscar Tinoco

Ante los malos tiempos que se avecinan, la cultura y el arte parecen ser las únicas salidas para encontrar espacios de análisis, reflexión y debate. El cine, como vehículo de pensamiento e instrumento de cambio, se convierte así en un aliciente contra la realidad que nos está llevando al radicalismo total de las acciones, en especial en aquellos lugares que han sido azotados por la desigualdad social y la corrupción. Como una respuesta ante las carencias culturales que ocasiona el centralismo, los festivales vienen a constituirse como bastiones de resistencia contra el pensamiento hegemónico que parece mantener sedada a buena parte de la población.

Oaxaca es la segunda entidad más pobre de México, y a pesar de su riqueza cultural, gastronómica y de su turismo, vuelve año con año a ser protagonista de lamentables estragos que afectan la vida de su gente.

El Festival del Puerto, celebrado en las costas de Puerto Escondido y que cuenta con alianzas importantes como la Casa Wabi, es una iniciativa que emprendió el cineasta Nino Cozzi en 2015. Viene a representar una bocanada de aire fresco ante la crisis de derechos humanos que azota al estado sureño desde tiempos inmemoriales, además de buscar una apertura de lo mejor del cine mexicano de autor a través de una selección concisa y en nada excluyente.

La programación, conformada por  6 largometrajes y 6 cortometrajes, envuelve propuestas que han sido celebradas por la crítica especializada dentro y fuera de México, ya sea por su calidad estética o la vanguardia de su narrativa. El mejor caso lo representa Te prometo anarquía, de Julio Hernández Cordón, la cual ha sido señalada por ciertas plumas como la mejor cinta mexicana del 2016.

Charlamos con el fundador y director de la celebración, Nino Cozzi, que además de cineasta, es gestor cultural y se encuentra desarrollando su proyecto Cine Komuna, una plataforma digital enfocada a generar fuentes de empleo para los involucrados en la industria del cine.

¿Cómo surgió la idea de organizar un festival en Puerto Escondido?

Desde hace 5 años tenía la idea de organizar un festival. Lo intenté hacer en el Parque de Chapultepec pero funcionó durante un tiempo muy breve. Luego fuimos a hacer un curso de producción con la escuela de cine, Arte 7, y ahí conocí a parte del crew. Traía la idea de hacer un festival y me encantó cómo trabajaron. Una de las chicas, Paola, era de Puerto Escondido, platicamos, y me dijo que no había nada así en el puerto y que deberíamos hacer algo.

Para mí Puerto Escondido tiene mucho significado. Es un lugar emblemático por dos viajes que hice en la infancia y otro en la pubertad, por eso me conectó también. Después comenzamos a venir al puerto para ver si la idea era viable, y nos pareció un lugar con una analogía muy distinta a todos los demás, como muy apropiado para proyectar cine. Antes había un esfuerzo de un hotel que realizaba los miércoles de cine en la playa, pero no una muestra de este tipo. Nos agradó la idea de abrir más ventanas para el cine contemporáneo mexicano.

Como un festival emergente, a veces las principales limitaciones tienen que ver con el financiamiento, sumar al gobierno estatal y municipal, organizar un equipo humano comprometido con la causa y lidiar con todas esas cuestiones que limitan la parte creativa, ¿cuáles han sido los principales retos en este sentido? 

En la cuestión del factor humano, prácticamente ha sido todo muy sencillo, porque encontramos un muy buen equipo.  Todos creen en el proyecto. Y por parte de la gente en Puerto Escondido, hasta ahora toda ha sido de lo más amable, abierta y dispuesta a apoyar, pero mientras no les pidas dinero. Eso es algo que hay que aprender. Nuestra misión es, en lugar de pedir recursos, intentar generarlos y descentralizar la cultura. Así es como funciona la gente, ellos entienden este tipo de eventos como un derrame económico. Puerto Escondido está muy cerca de explotar la carretera Oaxaca-Puerto Escondido que están construyendo y que los va a beneficiar muchísimo. Además, la gente es muy consciente de la necesidad de promover el turismo. En ese sentido todo ha sido muy fácil.

La parte del dinero ha sido complicada, porque apenas es la segunda edición. Pero hay alianzas que construimos que nos han dado mucha fortaleza y prestigio para la próxima edición, como la alianza con Casa Wabi y el Cine Transformer. El primer año fue experimentar, este año queremos consolidarnos, y ahora todos están creyendo en el proyecto.

El gobierno estatal nos está apoyando muy focalizadamente. Tienen disposición, pero claramente no dependemos de ellos.

La programación de largometrajes es una selección de lo más representativo del cine de autor mexicano en los últimos años, pero tal vez que ya ha sido muy explorada comercialmente y en festivales. ¿Por qué decidieron constituirlo así y qué criterios tomaron para ello? 

Sí, era un poco la idea mostrar lo mejor del cine mexicano contemporáneo. La selección se hizo junto con Sébastien Blayac, programador de FICUNAM  y de la sección de cortometraje en el Festival Internacional de Cine de Morelia. De alguna manera logramos sumarlo al proyecto, y él, con mucha disposición ha apoyado en la programación. La selección de largometraje al final de cuentas es una muestra.

Creemos que el cine mexicano está viviendo una transición, en la que de pronto hubo esta explosión con Amores Perros [Alejandro G. Iñárritu] y Japón [Carlos Reygadas] de que era posible hacer cine. Luego llegó el EFICINE, donde hubo una irrupción nueva de que todo mundo podía hacer películas. Eso ha provocado, por ejemplo, que 2015 haya sido el año en que más se ha hecho cine. Pero lo que ha pasado es que los que copiaron el cine de Reygadas -como un modelo de cine contemplativo-, ahorita están buscando más lo narrativo y conectar con la audiencia, eso es algo que sí se extrañaba del cine mexicano.

Porque aunque se ganó prestigio en festivales, se perdió prestigio en la taquilla. Creemos que estamos en un momento histórico del cine mexicano, donde muchos de esos cineastas están acelerando el paso, buscando audiencias y cambiando el lenguaje cinematográfico. Lo que queremos es dar un panorama de lo que sentimos más relevante y hacer búsquedas de los mejores cineastas mexicanos en los últimos 4 años. Nos pareció apropiado abarcar 2012 a 2016 por la importancia política. Cambió el gobierno del PAN y regresó el PRI, no es que la programación esté politizada, pero nos pareció apropiado tomar ese tiempo para curar la selección. Por otra parte, la sección de cortometraje sí fue la mayoría del último año.

¿Cómo crees que viene el festival a aportar en la escena cultural de Oaxaca?

La verdad no es por ser condescendiente ni mucho menos, pero si Oaxaca es reconocido por algo, es por ser el estado de la cultura. Tienen a los artistas plásticos y músicos más importantes, existen muchos cineastas oaxaqueños, tienen Oaxaca Cine y el Oaxaca Film Fest, y lo que estamos tratando de hacer es abrir una ventanita y generar un nuevo panorama. Parte de la oferta es entender el lugar también.

De pronto los festivales tienen esta bandera de «colonización cultural», llegas a un lugar y sientes que están trayendo la cultura cuando en realidad es al revés. Lo que sí nos gusta es traer cine que no se ve. Muchos de los cortos que están en la programación no los encuentras en ningún lado. Y también es abrir nuevas ventas de exhibición para el cineasta y la audiencia, y ganar prestigio.

Por último, ¿por qué crees que no se ha logrado que el cine de autor se fortalezca en la taquilla y tenga condiciones de competir contra la comedia romántica convencional?

Creo que poco a poco han ido creciendo las ventanas del cine de autor. Hace 10 años no había tantos festivales de cine en México, ahora tenemos alrededor de 150. Entonces la llegada de este cine a los cines comerciales no está tan debilitada. Que un cine de autor llegue al público no es tan difícil, pero debido a la masificación de la cultura, el cine de autor pasa generalmente desapercibido para la gran audiencia, y en general, hay una parte de la que el cineasta también se ha despegado. Eso complica mucho las cosas, porque si tú haces un cine autoral, estás pensando en hacer un cine exigente, y una de las condiciones es que  tu público va a ser poco. Pero como decía Borges, «aunque yo tenga mil lectores, yo escribo para mis amigos». No obstante, en nuestro caso también tenemos que ver al cine como industria, porque el cine necesita recuperación de fondos.

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