FICM: lo internacional, lo mexicano y lo feo

Por Óscar Tinoco

La proliferación de festivales de cine en México es abrumadora, sin embargo, sólo algunos han logrado permanecer en la memoria de los cinéfilos, más aún, han logrado sobrevivir económicamente. Uno de ellos es el Festival Internacional de Cine de Morelia, que a la fecha, y según una percepción más o menos general, se ha constituido como el evento cinematográfico más importante del año en todo el país.

En su 14va edición presentó una selección más que decorosa de lo mejor del cine a nivel nacional e internacional, en realidad no se esperaba menos. Cumpliendo así un propósito clave: el de hacer accesible –y sobre todo fuera de la capital mexicana– cine de calidad frente a los productos palomeros que abarrotan las carteleras durante prácticamente todo el año.

A continuación, una lista compuesta, en cierta medida, de las cintas que le generaron, a este quien les escribe, mayores expectativas e interés dentro de toda la gama que ofreció el festival y el veredicto una vez vistas.

Lo internacional

¿Puede el pasado venir a atormentarnos una vez más? Siempre. Manchester by the sea, o el film que muy probablemente llevará a Casey Affleck a la disputa por el Oscar, lo plantea sutilmente. El trabajo más reciente del cineasta Kenneth Lonergan, es un drama desolador e hilarante a la vez, el cual combina de forma magistral temas como el duelo, la familia y la lucha por la sobrevivencia de la clase obrera en un pequeño pueblo de la costa de Essex, en Massachusetts.

Affleck interpreta a Lee Chandler, un plomero taciturno y de carácter difícil, hundido en una aparente miseria. Cuando parecía que su situación no podría empeorar, recibe una sorpresiva llamada: su hermano Joe sufrió un paro cardiaco fulminante y ahora debe regresar al barrio de donde provienen todas sus desgracias para hacerse con la custodia de su sobrino adolescente, Patrick (Lucas Hedges). El reencuentro con su familiar le devolverá poco a poco el sentido de su existencia.

El tercer largometraje del realizador de filmes como You can count on me (2000) o Margaret (2011) lleva la tragedia a otro nivel: evita el recurso de la lágrima fácil y la vuelve compleja. Además, el uso constante de flashbacks inyecta a la trama en un estilo narrativo bastante interesante para la historia.

Lonergan consigue construir secuencias que incluso llegan a transitar en la delgada línea de la comedia negra. Una combinación atractiva para quienes suelen encontrar el lado risible de la vida aun cuando ésta  no sea de lo más alentadora.

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American Honey de Andrea Arnold, ganadora del Premio del Jurado en Cannes, es una road movie que esboza una cruda y estremecedora mirada a la juventud marginada estadounidense. La historia protagonizada por Sasha Lane y Shia LaBeouf, brilla en torno a un bien seleccionado soundtrack que será tal vez lo más recordado de esta cinta, con canciones como God’s Whispear de Raury & Jaden Smith y I hate hate de Razzy Bailey.

Star (Sasha Lane) proviene de una familia disfuncional, lo que provoca que deje su suerte en manos de un grupo itinerante de jóvenes, los cuales se ganan la vida suscribiendo gente a un catálogo de revistas a través de diversos chantajes y jugarretas. Aunque sus vidas giran en torno a la fiesta, sexo, drogas y alcohol, no pueden desprenderse de Krystal (Riley Keough), la dueña del negocio y su matriarca, una mujer manipuladora y ambiciosa que no dejará que nadie pase sobre ella. Mientras la nueva integrante busca hacerse un lugar en la pandilla, conoce a Jake (Shia LaBeouf), con quien mantiene una estrecha relación de fraternidad, amistad y amor.

Anteriormente, la cineasta había mostrado en Fish Tank (2009) una historia mucho más oscura sobre la decadencia de la ciudad y la juventud, pero en su último trabajo aborda otro estilo que permite una mayor empatía con los personajes. No obstante, el film cuenta con un gran defecto: parece que no te lleva a ningún lado, posiblemente una alegoría del destino de los personajes.

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Lantouri se convirtió bajo muchos argumentos en la grata sorpresa del certamen. Basada en hechos reales, la película -que participó en la última edición de la Berlinale- del joven realizador iraní, Reza Dormishian, puso al filo de la butaca a más de uno durante su presentación en Morelia.

Maryam, una periodista de un diario tradicional y ferviente activista por los derechos humanos, se interesa por seguirle la pista a un grupo criminal encabezado por Pasha, un artista que abandonó su trabajo para convertirse en una especie de Robin Hood.

El interés de ambos por conocer más de sus vidas, terminará en un fatal desenlace. Cuando el bandido se obsesiona por la joven reportera, sus celos le llevarán a rociarle ácido sobre el rostro, ocasionándole daños irreparables como la ceguera.

Con el derecho de aplicar la ley «ojo por ojo, diente por diente» (la ley del Talión), la reportera tendrá entre sus manos la decisión de perdonarlo o seguir adelante con su venganza. Reza Dormishian logró un violento e interesante docuficción que fue censurado en su país y levantó varias críticas por cuestionar lo retrógrada del sistema político-religioso en el cual su pueblo ha estado inmerso desde hace años.

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Lo mexicano

La región salvaje. Amat Escalante es con creces, el director mexicano del momento.  Su última cinta es una ventana al México del que todos nos avergonzamos: el retrógrada, machista e incongruente. La violencia, la homofobia y la represión sexual son temas abordados a través de una historia que no deja indiferente a nadie. Todo esto tiene como trasfondo la llegada de una criatura alienígena, la cual somete entre sus tentáculos fálicos a quienes se paren ante ella. El monstruo se convierte, según el cineasta, en una especie de escapismo de los personajes femeninos –los masculinos parecen no correr la misma suerte- para liberarse sexualmente de la sociedad corrompida en la cual habitan. Los gustos son diversos, pero a pesar de que el cuarto largometraje del cineasta mexicano es avasallador visualmente, parece que Heli sigue estando un escalón arriba en su obra, a mi parecer.

Tiempo sin pulso, la ópera prima de la realizadora Bárbara Ochoa, es un alentador debut en medio de un puñado de cineastas mexicanos que han optado por emplear el formato de la telenovela y llevarlo a la pantalla grande. El film logra cohabitar en dos estilos que parecen intransitables: el del cine de autor y el del llamado cine mainstream. Ochoa hila una historia en la cual su personaje principal, Bruno, reprime su deseo sexual a partir de la trágica muerte de su hermano mayor, quien falleció en un accidente automovilístico. Por otro lado, su madre, no ha superado la pérdida e insiste en celebrar el cumpleaños de su hijo fallecido. Si bien la cinta quedó opacada por algunos estrenos más interesantes y mejor construidos narrativamente, el primer largometraje de la egresada del CCC es muestra de una carrera prometedora.

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Zeus de Miguel Calderón, fue uno de los largometrajes que causó mayor revuelo en el festival. Debido en parte a su realizador, quien ha mantenido una trayectoria muy destacable como artista multidisciplinario. La cinta introduce un eje temático poco abordado en el cine mexicano: la cetrería o el acto de utilizar halcones para cazar. Con la producción de Cine Pantera, casa productora de éxitos nacionales en el cine de autor como Temporada de Patos y Club Sándwich, esta ópera prima cuenta con un trabajo bien delineado en su diseño sonoro y fotografía que traza una trama perversa: la relación de codependencia entre madre e hijo, y una serie de circunstancias que llevarán a su protagonista a cometer un asesinato. Un filme difícil de perderse cuando siga su curso en festivales y alcance su estreno comercial.

Por último, mención merecen otros estrenos, aunque no hayan sido del todo convincentes. Las expectativas eran altas por el debut en la ficción de una de las documentalistas más reconocidas en México: Natalia Almada. Su primer largometraje en este rubro, Todo lo demás, deja un sabor amargo, pues cintas anteriores como El General y El Velador se han constituido como parte de lo más destacable en los últimos años del cine documental. Su cuarto largometraje, que narra la vida monótona de una burócrata (Doña Flor), se narra tedioso desde un principio. Si la intención era adoptar una progresión entre documental y ficción, la ausencia de conflicto deja al espectador colgado de la contemplación.

Lo feo

Por último, el debut como cineasta de Demián Bichir provocó cierto interés en la prensa. El actor que ha trabajado con directores como Ridley Scott y Quentin Tarantino, también ocupa un lugar privilegiado junto a Anthony Quinn como uno de los pocos interpretes mexicanos que han logrado una nominación al Oscar como Mejor Actor. Su ópera prima, Un cuento de circo & a Love Song está llena de clichés y lugares comunes. Con un desenlace más que forzado, evoca a cualquier película destinada para la televisión.

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