La bruja y El conjuro: Formas actuales del cine de terror

Por Adrián Ávila / @nicolaiwebster

Hace poco tuvimos la oportunidad de ver en las salas mexicanas dos películas de terror que llenaron los cines de un público al que le gusta pagar para pasarlo mal, El conjuro 2, de James Wan y La bruja, de Robert Eggers. De inmediato las opiniones respecto a ambas obras se dispararon por las redes sociales. En su mayoría abogaban por la genialidad de la obra de Eggers dejando a la de Wan como una mera secuela comercial. Pero olvidan algo, el gusto mainstream tiene una razón de ser. Ambas películas funcionaron en niveles distintos porque tienen maneras propias de transmitir el terror y cada una lo hace de forma válida con sus respectivas fallas.

La bruja tiene el acierto de los elementos con que está estructurada. Desde la frialdad de su estética transmite una enorme desolación. Eggers utiliza elementos folclóricos para contar una historia; nos permite observar el comportamiento de una familia con un fanatismo religioso expuesto ante la naturaleza hostil de un continente que los colonos aún no terminaban de descubrir.

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Hagamos un resumen rápido. Una familia es expulsada de su aldea y forzada a vivir junto a un bosque cuyos enormes árboles encierran un misterio que los intimida. Poco a poco, a partir de la desaparición del bebé, los miembros empiezan a sentir miedo de su entorno. No hay jumpscares, monstruos, asesinos ni brusquedad. Con una delicada narrativa plagada de diálogos parcos, un par de escenas sobre las brujas del bosque, unos silencios bien ejecutados y uno que otro evento sobrenatural, la película transmite miedo.

Robert Eggers ha realizado, entre otras cosas, cortometrajes sobre Hansel y Gretel y «El corazón delator» de Edgar Allan Poe. Sabe cómo narrar a partir de lo que no se cuenta. Es decir, genera mucho grado de indeterminación en sus obras para transmitir esa duda en el público. Es natural que el desconocimiento genere ansiedad porque nos deja a merced de la imaginación.

El mayor fallo de La bruja es su final. Después de que Thomasin asesina a su madre y se queda completamente sola, la obra genera un sentimiento potente de duda que la enriquece, pero después nos presentan a Satanás y ella hace un pacto para servirlo con otras brujas, se libera y demás.

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La obra gana sin ser tan explícita al final. ¿Por qué si su trama está constituida a partir de lo indeterminado termina siendo tan obvia? Hay quien califica a La bruja como una representación del feminismo y la liberación de la mujer, pero Thomasin pasa de servir a Dios a servir al diablo. Sin un pensamiento maniqueista, mas que el de obedecer las órdenes de quien sea, termina por ser, aún soberanamente, un sometimiento. Se observa más libertad en una Thomasin sola en la cabaña que en una flotando en un aquelarre, porque en el primer caso parece tener mayor volición sobre lo acontecido.

Ahora bien, si La bruja genera miedo a partir de la tensión dramática de sus personajes complejos y la indeterminación, El conjuro 2 lo hace gracias a su simplicidad. Algo sobresaliente de El conjuro son sus protagonistas. Claro, los Warren no son personajes complejos, al contrario, parecen estar completamente inclinados a un cliché de familia perfecta o «buena», en nada se contradicen y pecan de planos, pero esa simplicidad funciona para que a nivel narrativo podamos fijarnos más en quienes les rodean.

En ambas películas, las de El conjuro, los Warren funcionan para ayudar, no para entrar en conflicto con ellos mismos. De esta manera se resalta la inestabilidad de los miembros de las familias, podemos tener un acercamiento a su vulnerabilidad y observar la tragedia que viven al estar ante un fenómeno sobrenatural.

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Sin embargo, los Warren cuentan con el carisma necesario para preocuparnos por ellos. Al contrario que La bruja, sabemos que en estas películas los personajes son una especie de detectives. Resuelven los casos a partir de los indicios, descubren quién está molestando a la familia, cómo enfrentarlo. Es decir, son héroes.

Claro, La bruja tiene un mayor esfuerzo estético, pero a veces es necesario algo simple, cliché y bien hecho. El Conjuro tiene un monstruo-demonio carismático, la premonición de la muerte de Ed llena de tensión la trama y el drama de la familia expuesta ante los eventos. El giro en el cual el anciano fantasma era víctima de una entidad poderosa, colma de entretenimiento a la cinta.

Porque sí, en algunas películas existe el morbo por ver cómo son asesinados los adolescentes estúpidos. Otras simplemente buscan asustar con jumpscares excesivos pero no dan miedo. Éste se construye a partir de los elementos que entraman a la obra, no con agresividad. Como dice Yahtzee, puede entrar un mapache por mi ventana mientras escribo esto, y evidentemente la sorpresa me va a asustar, pero no por eso el mapache es un genio del horror.

Ambas películas generan miedo. La bruja lo hace a partir de su sutileza narrativa, sus elementos simbólicos, su indeterminación. Hay una tensión enorme que está por encima del miedo y necesita de un ambiente asilado para generarla. El conjuro 2 es lo contrario, brusco y agresivo, no gana por la historia, pero Wan, cuyo antecedente son las películas de Saw, sabe generar la tensión necesaria para que el miedo esté en todo momento. La obra de Eggers te invita a tener los ojos abiertos para apreciarla mejor, El conjuro 2 te obliga a cerrarlos cuando el miedo se excede.

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