Riviera Maya Film Festival: Desvirtuar al cine a punta de informalidad y glamour

Por Rafael Romandía

Hay una cosa que no vamos a negar, juntar al cine con la playa y todo lo que ello implica –más aún si se trata de un lugar como la Riviera Maya– es un acierto casi irrefutable. Mentira, quitemos el casi. Hace cinco años comenzó ese andar que llegó a tener un honorable punto alto pero que hoy se encuentra en seria pendiente hacia abajo. Prefirieron la informalidad y la pérdida de compromiso por encima del cine, ese al que le debían todo.

Un aspecto, el más grave de todos, y en el que vale la pena adentrarse puesto que no cabe en los márgenes de la subjetividad ni el gusto, es en la falta de formalidad y el descaro para nombrar a ganadores de una quinta edición, cuando los que se hicieron públicos en la ceremonia de 2015 no han sido recompensados. Las evidencias no las tenemos a mano, por ello preferimos hacer réplica de declaraciones directas de personas que laboraron dentro del festival, uno de ellos es Maximiliano Cruz, socio de la productora y distribuidora Interior XIII, y quien era pieza fundamental del festival hasta hace poco tiempo, «yo no soy el principal artífice de la programación, junto conmigo están Michel Lipkes y Fernando del Razo en la selección de películas. Es un trabajo en equipo, horizontal. Todos los que aquí te nombro, y yo, diseñamos el festival y lo programamos durante sus primeras 5 ediciones, incluyendo la de este año, y renunciamos al festival de manera discreta (incluyendo a Jessy Vega como Logística de RivieraLAB) en marzo, al ver que el proyecto se había descarrilado y que varias posiciones ya eran irreconciliables. Algo básico era que pagaran premios antes de iniciar el festival».

«La gestora y programadora del RivieraLAB fue Sandra Gómez. John Campos es un crítico periodista y programador peruano que participó en el comité de selección de proyectos del RivieraLAB junto con varias personas más que rotaban año con año, como Gonzalo de Pedro, quien también se manifestó en facebook».

A continuación el texto íntegro de Gonzalo de Pedro.

El mundo de la cultura, y del cine en particular, está reforzando lo que Hito Steyerl ha llamado el “lumpen-proletariado” del trabajo cultural: trabajos precarios, malas condiciones, promesas incumplidas, y muy, muy poca seriedad en el desarrollo y apoyo de proyectos culturales. Es el caso del Riviera Maya Film Festival, y su #RivieraLAB , con quienes tuve el placer de trabajar durante dos ediciones, gracias a la confianza de Sandra Gomez, y con quienes establecimos una alianza a través de MargenesCine que nos hacía muy felices. Lamentablemente, las autoridades que sostienen el festival lo están dejando caer en una cuesta abajo imparable que, como siempre, tiene daños colaterales, e impagos, muy serios. Por ejemplo: el festival debe premios del 2015 por un millón quinientos mil pesos mexicanos (74,000 Euros aprox.) a estas personas:

**PLATAFORMA MEXICANA**
Me quedo contigo – Artemio Narro
Los muertos – Santiago Mohar
La Maldad/Película – Joshua Gil

**RIVIERA LAB**
Maquinaria Panamericana – Joaquín del Paso
Rastreador de estatuas – Jerónimo Rodríguez
Nona – Camila José Donoso
Tiempo vertical – Lois Patiño

Terrible que los eventos culturales sigan siendo espacios de lavado de imagen (sino de otras cosas) y no verdaderos intentos de construcción, pensamiento y desarrollo. Fuerza para el equipo, y denunciemos estas situaciones. Siempre.

El cine somos todos, pero unos menos que otros.

Y aquí el de Campos Gomez que antes ya había publicado en su blog dentro del sitio argentino Otros Cines.

Todos sueñan con una casa de playa donde trabajar feliz.

Yo por tremenda fortuna tuve simbólicamente una durante dos años: bonita e internacional. Y fue una que me ofreció con exagerada generosidad Sandra Gomez para trabajar el RivieraLAB del Riviera Maya Film Festival con criterio y responsabilidad. Pero ningún criterio de cualquier grupo de trabajo alcanza si es que la administración que lo debiera sostener se maneja con completa irresponsabilidad, perjudicando no sólo la imagen de un equipo amoroso de su labor cinematográfica –bueno fuera que internamente se quedaran los alcances del perjuicio- sino, mucho peor aún, a quienes pregonaban beneficiar:

¿Se ha cumplido ya con premiar la inolvidable despeinada general que ME QUEDO CONTIGO, de Artemio Narro, dejó el año pasado en Playa del Carmen? ¿A la siempre fogosa polémica anti/burguesa que invita LOS MUERTOS, de Santiago Mohar? ¿O al genial chiste IMCINEano que arriesgó LA MALDAD, de Joshua Gil? Película que además agradece su finalización al festival de marras que luego la dejaría en el olvido.

Y esa administración, aún liderada por Paula Chaurand, que no cumplió con los ganadores de filmes entonces terminados, ¿imaginen si reconoció filmes en construcción, como el de áspero humor mestizo chilango-polaco MAQUINARIA PANAMERICANA, de Joaquín del Paso? Arrancó recién este año en la Berlinale y sigue de paseo por el mundo.

¿O al austero y genial ensayo fílmico RASTREADOR DE ESTATUAS, de Jerónonimo Rodríguez, que hace con la solemne temática de la memoria una narración detectivesca de idas y venidas a propósito de un busto cualquiera? Un recuerdo lejano que se busca sólo por el gusto de no perderse en la nada.

¿Ni qué decir del documento ficcionado de una abuela que haría retroceder al mismo Chuck Norris? La NONA, de Camila José Donoso, merece verse para redefinir al antihéroe de acción y al modoso retrato familiar. Pero antes necesita el premio que aún se le debe del Riviera LAB anterior.

O al novísimo juego fastastificcional de Lois Patiño titulado TIEMPO VERTICAL. Película que uno se esfuerza y no logra imaginar, por lo mismo que se desea ver cuanto antes terminada para develar el misterio. Antes, por supuesto, hay que cumplir con lo prometido, señora Chaurand y compañía. Todavía creo que está por ahí la plata para pagar esos premios anunciados hace un año ya.

No obstante, si la actual e improvisada organización del RMFF no respeta el trabajo de Sandra Gomez, Maximiliano Cruz, Michel Lipkes, Fernando del Razo, Jessy Vega; también en su momento el de Susana Santos Rodrigues, Gonzalo De Pedro Amatria, Cecilia Barrionuevo, Gonzalo Maza, José Luis Torres Leiva, etc. -y muy muy al último, el mío- es simplemente porque no tiene la más mínima idea de dónde salió el prestigio de ese festival del que ahora se ufana.

Ahora la única forma respetuosa de recordar el trabajo de las personas que hicieron en cortísimo plazo del RMFF un festival de referencia es cumpliendo con quienes la organización se comprometió palmarés mediante. Por lo que si Camila, Artemio, Santiago, Joshua, Joaquín y Lois reciben lo suyo, todos -creo- estaremos lo suficientemente contentos como para voltear la página.

Si la cuarta edición no se terminó bien, ¿por qué se hizo una quinta sin subsanar las muchas irregularidades? Pero ya está. Sólo deseo que los nuevos ganadores no pasen a engrosar esta penosa lista de adeudados.

Lo ganado siempre será de quien lo obtuvo y eso no se niega. Así que, organizadores olvidadizos, pueden quedarse con lo que quieran, menos con el honor de la gente en sus bolsillos. Intenten ser justos y sabrán lo rico que debe ser no sentirse unos mercachifles internacionales.

Por fortuna, pese a todo, siempre quedarán las películas.

Por su parte, el mismo Maximiliano prefirió ser más breve en su denuncia pública y hacerlo al momento en que en el Teatro de la Ciudad Solidaridad, Paula Chaurand y compañía se regodeaban anunciando a nuevos ganadores.

¡Felicidades a los premiados! Pero lamentable @rmffmx #RMFF2016 anunciando ganadores cuando no han pagado los premios de #RMFF2015 #EpicFail

Lo anterior es suficiente motivo para ya ni siquiera hablar de que al menos en esta quinta edición, el cine pasaba a segundo término cuando uno observaba cómo el principal interés de los organizadores era una escuálida alfombra roja en las Galas del Teatro de la Ciudad, en donde desfilaban desde actores de trayectoria hasta personajes de telenovela que poco tenían que ver con el espíritu que un festival de cine regularmente proclama. Ya no hablemos de los reporteros que cuando tienen enfrente a su ídolo, pierden todo derecho de ser llamados por su título de oficio. Eso, aunque es parte del contexto, ya no es culpa del festival.

Inauguraciones como la de la quinta edición del RMFF dejan en claro que no son pocos los que prefieren el glamour, que el cine es sólo el pretexto para vestirse de gala y posar para la foto de la revista local de sociales. «No vayan a pensar los dueños del hotel de al lado que no fuimos invitados a tan magnánimo evento cinematográfico», seguro pensó más de uno. Y sí, no es algo exclusivo de este festival, pero esta clase de gestos aspiracionales y superfluos en busca de similitudes con Cannes y similares de primera liga, en nada ayudan a una industria nacional aún en pañales.

Y más irrelevante aún queda la poca capacidad de reacción de sus organizadores, que al este espacio solicitar las posibilidades de invitados que pudieran cedernos al menos una hora de su tiempo para platicar con ellos en el estilo que nos gusta hacerlo, la respuesta fue sólo silencio. Pero lo último que nos sentimos es ofendidos, pues de momento, aparecemos hasta el final de una larga lista que al parecer ha recibido lo mismo.

Al final, el que todas estas voces se hayan manifestado, ha hecho que los organizadores comiencen a reaccionar, sí, apenas ahora. «Parece que ahora después de hacer público el malestar han comenzado a pagar los premios», señala Cruz. Qué lástima que haya que llegar a estas instancias. El desprestigio ya es un hecho, dar la cara es lo único que queda.