Wildflower, el esperado retorno de The Avalanches que llegó 15 años tarde

Por Adrián Ávila / @nicolaiwebster

Con Since I Left You (2000), su álbum debut, The Avalanches estableció una fórmula para hacer armonías con samples que anteriormente no se había explotado a ese nivel. Alrededor de 3 mil 500 fueron utilizados en su estructuración. Cada uno en relación con los otros. Nada sobraba o faltaba. Ahora, tras 16 años de producción la banda presenta su segundo álbum Wildflower, el cual resulta más bello que sublime. Y sí, sonará un poco pretenciosa esa afirmación, pero como dice James Murphy en Shut up and play the hits (2012) a veces la pretensión nos puede llevar a algo trascendente.

En sus Observaciones acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime, Kant manifiesta una diferencia entre el placer que nos puede causar, por ejemplo, el día y la noche. El primero es bello porque genera una complacencia que se asocia con la alegría, mientras la segunda es sublime por su relación con el horror y la incertidumbre. Explico esto porque me basaré en las ideas kantianas para expresar la mía. Para este caso lo sublime está más asociado a lo novedoso, a aquello que rompe lo cotidiano para presentar una forma diferente de expresión artística, mientras que lo bello está más asociado hacia lo cotidiano, lo ya conocido.

Escuchar por primera vez Since I Left You es una experiencia grata de constantes estímulos musicales que terminan por dejar boquiabierto al espectador. Una especie de abstracto sonoro donde la superposición de tantos samples y géneros provocan un desprendimiento de lo tradicional para dejar a las sensaciones hablar por sí solas. Es sublime porque genera una complacencia asociada con la incertidumbre, la sorpresa. En su momento llegó no sólo a romper una tradición en torno al hip-hop y la electrónica, sino que estableció una manera de hacer armonías.

Sin embargo, Wildflower, ni siquiera con sus 16 años de producción, las colaboraciones de artistas como Toro y Moi, Ariel Pink, Jonathan Donahue, Father John Misty y Camp Lo fueron suficiente para romper esquemas. No es un mal álbum, de hecho es de mis favoritos en lo que va del año, pero The Avalanches demostraron que, citando a Jethro Tull, son muy viejos para el rock and roll, pero muy jóvenes para morir.

Wildflower es bello porque se disfruta de principio a fin, pero no mueve más que una sonrisa de vez en cuando en el rostro de quien lo escucha. Y considero que fueron víctimas de su propia publicidad. Si de por sí habían generado una enorme expectativa durante 16 años, aumentaron esto un poco antes del lanzamiento con un video titulado «Since They Left Us», en el cual presumían los logros alcanzados con su primera producción para después presentar a algunos colaboradores hablando de lo grandioso que iba a ser el segundo.

Claro, Wildflower se apega al estilo de The Avalanches, pero después de 16 años se espera algo diferente, más provocativo. Desde 1996 Jay-Dilla incursionó en la mezcla de samples como The Avalanches, y durante la primera mitad de la década pasada fue mejorándolo hasta su muerte en 2006. Ta-ku, discípulo de Jay-Dilla incursionó también con algunos elementos similares a los de la banda canadiense, e incluso Flying Lotus ha hecho lo suyo.

Wildflower no se siente tan novedoso porque con Since I Left You, The Avalanches estableció el sonido de una década, pero su segundo álbum llegó después de esa década sin nada nuevo que mostrar. Empero, el disco aún es bastante bueno e indispensable en la biblioteca de quien gusta de los sampleos a gran escala. Son 21 pistas que se disfrutan a pesar de que desde «Colours» hasta el último track, «Saturday Night Inside Out», abusan de los elementos sicodélicos de buena vibra y de repente parecen encerrados en una remezcla de los Beatles más melosos.

En cambio, el primero tenía matices más marcados entre canciones sin perder su sentido hilativo. El mayor acierto de Wildflower va desde «The Leaves Were Falling» hasta «If I Was a Folkstar», donde colabora con Toro y Moi, pues se sienten diferentes géneros bien correlacionados entre el hip hop, el funk, el foclor balcánico, pero a partir de «Colours» se pierden en el abuso de la sicodelia de buena vibra saliéndose un poco de ello con «The Wozard of IZ».

Y es cierto que The Avalanches tiene una fuerte influencia sicodélica desde su primer álbum, pero no se inclinaban tanto por lo meloso y dejaban trabajar todos los samples en perfecta armonía para no caer en un solo género. Digo, no es lo mismo la aproximación al género de Pink Floyd con «Set The Controls For The Heart Of The Sun» que The Beatles con «I Am The Walrus», pero The Avalanches habían logrado tener un mayor equilibrio.

Toda esta crítica parece estar en contra del álbum, pero vale mucho la pena escucharlo. A pesar de todo está por encima de muchas producciones actuales, pero era necesario compararlo con su antecesor porque la banda misma lo vendió como el sucesor del mismo. Wildflower no será el disco más creativo, pero sí de los mejores del año y se agradece escuchar algo así, como un respiro, una oda que simplemente quiere transmitir un momento de alegría en un mundo aterrorizado.

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