El lugar donde los muertos van. Entrevista con Maxi Prietto, de Los Espíritus

Aunque nos vayamos 

“Conocimos Guadalajara, es un lugar increíble” me decía Maxi Prietto visiblemente cansado tras salir del hotel. Con Nacho Perotti, el séptimo espíritu, había quedado llegar a las 9 a.m. al lobby del Diana, ahí sobre Agustín Yáñez. Apenas dormí un par de horas: el POEMM (Festival de Poesía Emergente Mexicana) nos había reunido para leer hasta la afonía y tomar un chingo de cerveza. Desde la primera noche cumplimos. Mientras caminaba con Prietto hacia la Minerva, buscando un lugar donde hacer la entrevista, me dijo que casi no había dormido.

El día anterior —27 de Mayo— Los Espíritus tuvieron dos tokines: uno en la Feria Internacional de Música (FIM) y el otro en el Foro Independencia: “estamos muy contentos porque nos arriesgamos a invertirle al venir acá y lo que nos llevamos es increíble. Los recitales en DF y acá en Guadalajara… la verdad estamos muy felices. Esta vez me compré una guitarra, hecha por un luthier a media cuadra del Templo Expiatorio… suena increíble, brutal”. Luego llegamos: los Súpertacos Tomás serían el lugar.

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Los desamparados

“Cuando llegamos pensamos que no había nadie”, se acuerda Prietto. La noche anterior, cuando entramos al Foro Independencia, parecía vacío. Yo iba con Herson Barona y Adrián Martínez, un par de poetas que también querían verlos. Tan sólo el fin de semana pasado —gracias a Yanine Villalobos quien hizo posible esta entrevista— había visto en el Festival Marvin a Los Espíritus: nunca fue tan ad hoc mi apellido. Pero aquello sólo sería un preludio a lo que pasaría en el Foro, donde pronto la gente empezó a llenar la parte baja del escenario: “Recién llegamos” me escribía Nacho. Eran las 11:26 p.m.

Dice Prietto al respecto de los tapatíos “acá en Guadalajara me pareció más tranquila, más relajada, como que estaban todos enfiestados cagándose de risa, pero no como de venir y sacarse fotos. El cariño, la verdad, buenísimo. Venir a otros lados del mundo y que te reciban así está muy bueno”. Así recordaba Maxi lo que yo viví empapado de sudor y fúrico. El rock no ha muerto, le dije.

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Vamos a la luna

Terminamos empapados con «La mina de huesos» y «La crecida». A veces un pasaje blusero luego otro donde parecían invocar a los Acid Mother Temple. “Es una mezcla de seis personas. Por un lado, Santi y yo hacemos las canciones, la parte de la letra y los acordes y después es un sonido que se da en conjunto: Migue tiene un sonido bien bluesero y también tiene mucha influencia de cumbia peruana. Están las percusiones de Fer y la batería de Pipe que hacen un combo, no sé, hacen algo que genera como un trance” Y sí: era todo un viaje “en vivo un poco más rockero me parece”.

Además de Prietto, a Los Espíritus los conforman Santiago Moraes en guitarra acústica y voz, Martín Batmalle en el bajo, Pipe Correa batería, Fer Barrey en percusiones y Miguel Mactas en la guitarra eléctrica.

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El blus 

A Los Espíritus el fuego los unió una noche que la tormenta se hizo barro con la tierra y los chanchos aullaron,( la sangre mojaba sus pies): la danza de los muertos es un rito casi en extinción y los espíritus aun conservan esta antigua y desagradable tradición. Así se describen en su Bandcamp. En 2010 grabaron Hacele caso a tu espíritu y luego en 2011 lanzaron Lo echaron del bar (que en México estuvo sonando en Reactor). “Al principio cuando arrancamos teníamos unas bases, pero queríamos grabarlo y escuchar bien qué es lo que estábamos haciendo: cuando grabas como que te ordenas. Grabamos el primer EP Lo echaron del Bar que tiene tres canciones: «Jesús rima con cruz», «Lo echaron del bar» y «Espíritus llamando».

Aunque para entonces Los Espíritus ya tocaban en Buenos Aires, era complicado darse a conocer sin tener nada grabado. Fue a través de las redes que el primer EP los dio a conocer. “Después sacamos el LP El Gato y ya teníamos cinco temas más y en vez de grabar un EP directamente, juntamos esos temas con las canciones que teníamos y sacamos el primer disco [Los Espíritus]; para el segundo grabamos 16 canciones y quedaron 10. Ahí quedó Gratitud”.

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Noches de verano

Como la mayoría, yo conocí antes a Prietto viaja al cosmos con Mariano (Los Espíritus fueron la casual y afortunada recomendación de una querida amiga). He olvidado cuantas veces he cantado Av. Corrientes o Verano fatal en posición fetal. Qué cambia le pregunto a Prietto: “Hay muchas cosas distintas. Primero al cosmos con Mariano tiene una temática más melancólica. La parte de las letras es más como un desahogo y la música es solamente la batería y una guitarra; y canción tras canción en vivo enganchamos todo. Casi ni paramos. Es como más una catarsis: mucho rock, mucha letra y mucha improvisación”.

Los Espíritus, en cambio, tienen una fuerza distinta “Las letras no son tan personales. Quizás abren más la imaginación o invitan a otras reflexiones. Es muy distinta la temática. La parte musical es más para divertirse. Al principio me parecía difícil porque yo quería no hablar de cosas personales —que era lo que siempre me salió más—” Al ser una banda evidentemente el proceso creativo cambia “cuando él [Santi] hace una canción es él y nosotros lo seguimos. No es que nos sentemos los dos a componer una canción. Alguno hace las canciones, las lleva a la sala y ahí, entre todos, la tocamos y le damos forma para que suene cómo queremos que suene: como una canción de Los Espíritus”.

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Perro Viejo

Pedro Infante nos mira. También José Alfredo. Prietto muere de cansancio y en unas horas tiene que partir a DF: Los Espíritus tocaran en Bajo Circuito, luego el domingo en Texcoco. Estamos muy crudos. No hemos ordenado nada: horas antes pisteando en el Bar Gil no tenía fotógrafo y terminé con dos: Jehu Coronado de Yo maté a tu perro y Ricardo Ovalle que, sin dormir, llegaron a salvarme. El poeta Ángel Ortuño me había regalado el Cómo conseguir chicas de Charly García, un referente del rock argentino. Le tengo que preguntar sobre Charly, sobre Spinetta. Lo hago.

“Es algo que culturalmente lo tenemos ya asimilado. Todos crecimos escuchando esos discos por nuestros padres: Pescado rabioso, Almendra, Spinetta, Charly García, La máquina de hacer pájaros. Todo eso, quieras o no, es parte de tu construcción. Igual así escuchamos rock internacional, blues ¿qué se yo?, heavy metal, escuchamos de todo y todo eso se empieza a mezclar. No sabes bien de dónde sacas las cosas” me responde Prietto.

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Jesús rima con cruz

Los Espíritus acaban de tocar en el Lollapalooza de Argentina en marzo y la recepción en México ha sido más que excelente. Le pregunto a Prietto qué es lo que sigue. “Hay varios planes, pero están todos en el aire. Sobre todo acá que establecimos algunos contactos y nos invitaron a tocar en otros países, pero todo de palabra. Digamos que no hay nada confirmado, más que algunas fechas en Buenos Aires”. Y al parecer también entrarán a Plasma de vuelta —el estudio donde graban—: “ya debo de tener unas seis canciones, pero no tenemos tiempo de tocarlas todavía. Santí también tiene unas cinco nuevas”.

Prietto se ríe. Le preocupa que no hemos pedido unos de barbacoa bien dorados. Nos van a correr, che me dice. Pero ya estamos terminando. Le pregunto si ha tenido contacto con bandas mexicanas: “Desde que llegamos estuvimos de acá para allá tocando por todos lados, durmiendo mal. No hice mucho intercambio con grupos. Tampoco nos dejaron discos como a veces suele pasar: que se te acercan los grupos, te dan discos o te escriben. No tuvimos mucho contacto con grupos así del under, estaría chido conocer un poco más”. Yo así rápido pienso en Juan Cirerol, a lo que me responde enseguida “Ah, a ese sí lo conozco, sí lo conozco ¡me gusta mucho lo que hace!”.

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Gratitud

“Yo quedé muy copado, estamos todos muy copados con Guadalajara y con México, con ganas de venir un tiempito acá, tocar. Estaría bueno estar unos meses acá, pero no sé…es como decir un sueño. Espero que podamos volver en unos meses y presentar otro disco, si grabamos algún EP nuevo, lo que sea…. chido”.

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Encore 

Tras dejar a Maxi en su hotel y después de que Ricardo lo fotografiara en un par de spots distintos, teníamos que ordenar algo: habíamos estado poco más de 20 minutos ante la mirada de los dueños. Estaba seguro, como dijo Prietto, que en cualquier momento nos iban a correr de los Súper tacos. Sin embargo, antes de que pudiera si quiera disculparme, el dueño y su hijo —Samuel y Christopher respectivamente— me dijeron: “No se preocupen, son Los Espíritus. Los conocemos. Ayer vinieron a comer. Una gran banda. Gran banda”.

Por Diego Espíritu / @deliriumdixit

Fotografía: Ricardo Ovalle / @albinoresentido

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