A Moon Shaped Pool: ¿a dónde va Radiohead en su peregrinaje?

Por Adrián Ávila / @nicolaiwebster

Desde el Eclesiastés se decía que no hay nada nuevo bajo el sol. Y es cierto. La mayoría de las creaciones artísticas se construyen a partir de modelos previos. Hemos leído la misma historia muchas veces, pero contada de diferentes formas, los mismos sonidos, pero en armonías distintas. La manera de entramar la obra, es decir la disposición de sus elementos estructurales, es como algo viejo nos puede parecer tan novedoso.

Radiohead había logrado esto a lo largo de su carrera (exceptuando Pablo Honey claro). Nos mostraba un entramado musical, pero sin dejar ver sus costuras a simple vista. Por ello, cuando escuché los primeros acordes de su sencillo «Burn The Witch», me sentí un poco decepcionado de encontrarle tanto parecido con la versión orquestada de «Hong Kong Garden» de Siouxie and the Banshees; incluso un amigo bromeó comparándolo con «Viva la vida» de Coldplay.

Claro, puede parecer muy exigente de mi parte, sin embargo Radiohead está compuesto por genios musicales. «Burn The Witch» es una gran canción para iniciar su álbum, de cualquier forma se apropian bien de un sonido para darle otra dimensión, sobre todo al final de la misma, pero si pongo tanta atención a este detalle es porque nos habla de un desequilibrio general no sólo en todo el álbum, sino en la banda misma.

Pero no lo malinterpreten, ¿disfruté A Moon Shaped Pool? Por supuesto. Radiohead es una banda que sobresale de la media. Si esos tipos se juntan en un estudio es seguro que algo de calidad saldrá, y me gustaría decir algo genial, pero en este caso no fue así, pues parecen dispersos. El álbum tiene canciones destacables, pero no siento la misma unidad que en otras ocasiones habían presentado.

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Desde The Bends (1995) hasta The King Of Limbs (2011) los álbumes tenían un carisma particular, transmitían un mensaje desde sus propias portadas, los primeros acordes, las letras de sus canciones. Fácil podemos decir que Ok Computer (1997) es la obra maestra, Hail to the thief (2003) es el más desolador de todos y que In Rainbows (2007) era una oda a su libertad creativa fuera de las garras, o más bien contratos, de EMI. Éste último salió de forma gratuita, descargable por internet e incluso la versión en álbum era armable.

Podría decirse que A Moon Shaped Pool (2016) trata de transmitir el vacío o lo abstracto, pero hay algo ausente que parece fortuito por encima de lo planificado. Resulta extraño que una banda con tanto potencial, quienes nos tienen acostumbrados a obras de gran calidad, parezca tan dispersa. Esto transmite un grupo quizás ya cansado, de miembros involucrados en otros proyectos y, tal vez, confirme los rumores de su próxima separación.

Incluso el álbum parece disperso, le sobran canciones. No soy experto, pero hice el experimento de quitarle tres temas y lo disfruté más. El caso más evidente es «True Love Waits», una inclusión forzada, una especie de guiño innecesario. Cuando escuché «Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief» pensé que el álbum había terminado porque las cuerdas cerraban el círculo iniciado por «Burn The Witch», pero luego tengo el malestar de escuchar una canción vieja en un álbum nuevo.

Radiohead se caracteriza por lo emblemático que resultan los inicios de sus álbumes y sus finales. Quién no podría pensar en «Everything In Its Right Place» con tan sólo escuchar mencionar el Kid A (2000), el inicio de In Rainbows con «15 Step» o en el final de The Bends, «Street Spirit (Fade Out)». Y esta asociación se logra porque la banda siempre ha sabido manejar su imagen y su estilo. Han evolucionado de un Thom Yorke rubio a uno castaño con colita de caballo y que parece villano de James Bond.

En comparación a todo esto, A Moon Shaped Pool se queda corto. Hasta el final de Pablo Honey es bastante bueno con «Blow out». A su último álbum le falta carisma y la unidad más fuerte viene de las composiciones al estilo de música de cámara que vienen de la mano de Johnny Greenwood. Pero de repente tiene aciertos como «Daydreaming» o el segmento de «Fulstop» a «Tinker Tailor Soldier Sailor Rich Man Poor Man Beggar Man Thief» y te das cuenta que estás escuchando a los genios detrás de «Lucky», «Pyramid song» y «Feral».

No quiero irme del lado de los fanáticos radicales, que parecen caricaturizados en el video de «Burn The Witch» que hizo Chris Hopewell, ni tampoco de los alternativos que odian a Radiohead desde las vísceras. Creo que muchos olvidan que la banda está compuesta por seres humanos, y sí, este último álbum tuvo sus fallos quizás desde mi percepción, pero ellos también están en otros proyectos, tienen otros intereses y metas.

El video de «Daydreaming» es muy emotivo porque es un reflejo de ese constante peregrinaje que tenemos todos por encontrar algo originario, o simplemente un lugar para estar. Algo como el cuento de «El camino de Santiago» de Alejo Carpentier. Pero desde el video de «Fake Plastic Trees» al de “Daydreaming”, pasamos de un Thom Yorke perdido en pasillos, arrastrado en un carrito de supermercado por monocromáticos e infinitos, a un Thom Yorke en pie, buscando de un lado a otro, ¿qué? Quizás lo sepamos en un futuro.

Cuando Radiohead recibió críticas sobre un concierto en Oxford en el 2001, surgió la inspiración de «A Punch Up At A Wedding (No No No No No No No No)». Una pista en el Hail to the thief donde critican a los periodistas musicales llamándolos «hypocrite opportunist». Menciono esto porque, aunque podamos escribir sobre alguna banda, es difícil estar en el escenario, mantener una imagen, es decir, actuar conforme a la idealización de los fanáticos. Cualquier persona le ha fallado a alguien por no actuar como ésta esperaba. Radiohead nos pregunta ¿Es que tú lo harías mejor?

A Moon Shaped Moon no es el mejor disco de la banda, pero, por decirlo en un ejemplo numérico, de una serie de discos de 10, este es el que tiene 9. Y si son ciertos los rumores de la separación de Radiohead, es bueno verlos despedirse con algo de calidad y no, citando a Thom Yorke sobre Spotify, con “la última flatulencia desesperada de un cadáver moribundo”.

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