«Algunos creerán que son los de derecha, pero el machismo está en todos los partidos»: Elena Fortes

Por Óscar Tinoco

Fotografía: Mauricio Rosas

El documental en México no sería concebido de la misma forma si no fuera por Ambulante. Su directora es Elena Fortes (Ciudad de México, 1981), quien tomó las riendas del festival itinerante hace 11 años. Tras pasar por varias inclemencias, esfuerzos y éxitos, Fortes emprenderá en los próximos meses una nueva etapa cuando arranque su propia casa productora especializada en cine documental.

Elena nos recibe por última vez en su departamento de la colonia Roma en medio de libros, animales a escala, plantas y cajas que anuncian la mudanza. Tal vez una metáfora de los cambios que se aproximan para ella en el segundo semestre del año. Siempre con su destello característico, nos invita a pasar para conversar de lo que ha significado dirigir una organización civil que evolucionó en muy poco tiempo y logró cambiar paradigmas en cuanto a la percepción del cine documental y su distribución en nuestro país.

Elena, has contado lo difícil que fue para ti ganarte un nombre en el medio cinematográfico. En 2005 eras muy joven cuando empezaste a dirigir Ambulante. Ahora que ya han pasado 11 años, ¿qué fue lo más complicado de entrar a la industria del cine? ¿Cómo fue ese proceso de inmersión para ti?

Tenía 24 años y desde un inicio tuve muchas cosas en mi contra. La primera fue mi nula experiencia. La segunda que no había estudiado cine. La tercera que no conocía a nadie del medio y la última que desconocía cómo funcionaban los procesos de distribución y negociación de los derechos de las películas. Tuve que aprender todo eso sin ninguna guía porque incluso nadie más lo sabía dentro de la oficina. Diego [Luna] y Gael [García] actuaban, pero nunca habían llevado una productora, así que todo era aprender sobre la marcha y ahí Isadora Oseguera me ayudó muchísimo. Prácticamente nos dividíamos el trabajo en dos. A veces yo diseñaba los volantes y ella se encargaba de la parte técnica, pero en sí, las dos hicimos un poco de todo al final.

Además del completo desconocimiento sobre festivales, supongo que también fue un reto dirigir un proyecto así como mujer joven. El medio cinematográfico no es tan democrático y equitativo como se piensa.

Creo que es un problema de todo México, incluso hasta la fecha. A lo mejor ahora no es tan marcado, porque ya no tengo 24 años, pero sí afronté miles de situaciones en las que decía algo y como si no existiera. Esa parte fue muy impactante. Habían ocasiones en las que no me tomaban el teléfono, o si no iba Pablo Cruz a la junta no me daban las citas. Pero en vez de enfocarme en todo lo que me generaba inseguridad, trataba de hacer mi mejor trabajo. Si lo hacía bien, a la larga se iba a reflejar. Al final eso fue lo que sucedió: respetaron el proyecto, Ambulante creció y se fue posicionando al margen de todas estas rivalidades y machismos. Los resultados son lo que le han dado valor a este festival.

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Han sido varios años de aprendizaje y de madurar conforme lo hacía también Ambulante. ¿Cuáles han sido para ti las lecciones más importantes que has adquirido en este viaje?

Pues han sido muchísimas, como conocer todo ese lado de la industria del cine que no se percibe desde afuera, pero que es básicamente el funcionamiento del mercado, el conocimiento de la audiencia en México, Latinoamérica y el mundo y cómo ha cambiado la función de los festivales en relación a la multiplicación de las plataformas. El cine es ya mucho más accesible por otros medios, entonces para mí los festivales tienen que reforzar su identidad, el aspecto presencial y colectivo. Y por supuesto, también se han modificado las estrategias de Ambulante debido a esa evolución tecnológica.

Otro de los aprendizajes ha sido cómo trabajar con la gente. Porque somos un festival que de entrada va dirigido al público y que involucra a una gran variedad de personas. Desde el staff hasta a los voluntarios. Ambulante se ha multiplicado en varios territorios, en otros contextos culturales y económicos. Eso ha sido un proceso bastante complejo.

También creo que un gran problema de la sociedad civil mexicana es que muchas veces se depende mucho de las personas que trabajan ahí. Entonces si se va la directora, la presidenta o quien sea, todo se viene abajo. He sido muy consciente de que Ambulante tiene que trascender a toda la gente de la organización. Tiene que convertirse en un proyecto que pueda funcionar independientemente de todos. Entonces hemos invertido muchísimo tiempo en institucionalizar una estructura o manual sobre cómo funcionan las cosas para que cualquiera pueda entrar sin que tenga muchas complicaciones. Como lo que me pasó a mí al principio, que entré sin dirección y sin nada de manuales. Es muy importante tener todo eso muy aterrizado para que la organización se pueda ir reciclando y cambie de edición y de personal sin problemas. Los festivales al final implican muchísima energía y muchísimo esfuerzo, psicológico y físico. Todo eso se agota. Lo veo en varios festivales que han tenido a la misma persona dirigiendo por varios años y se vuelve todo muy viciado. Creo que es importante que todo se renueve y que entren nuevas energías.

También he aprendido muchísimo sobre la búsqueda de fondos, desde el sector privado al sector público. Actualmente invierto casi todo mi tiempo en eso. Antes mi trabajo era más en la parte creativa, que es la que más disfruto, pero como se dio el crecimiento de la organización, en algún momento tuve que rellenar ese hueco administrativo y de recaudación que también es un gran aprendizaje y me va a servir después en todo lo que haga.

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Mencionas algo muy importante sobre la identidad de los festivales en México. De los que existen en la Ciudad de México, son escasos los que se quedan en la memoria del colectivo. En relación a tu experiencia ¿qué es lo que ha hecho bien Ambulante a diferencia de los demás festivales que terminan perdiéndose?

Son 187 festivales de cine a nivel nacional, según el último conteo de IMCINE. Desde el principio teníamos claro que no iba a ser un festival para la industria, sino para la gente. A partir de eso desarrollamos estrategias para definir adónde ibamos y qué películas íbamos a presentar, así como qué temas eran importantes para que el público en México se sintiera identificado. Por otro lado, también fue una cuestión de adoptar una identidad hacia fuera y hacia dentro. Era necesario que todo el staff de Ambulante tuviera clara la misión de la organización: el porqué hacemos lo que hacemos, hacia donde queremos llegar. Eso ha sido un proceso largo. Tener claro cuáles son los valores, la misión y la visión a largo plazo, tanto dentro como fuera, ha sido trascendental. Es importante que haya congruencia con lo que hacemos.

Cuando Ambulante nació, DOCS DF tuvo su primera edición meses después. Luego estaba Morelia, Guadalajara, FICCO y Contra el Silencio de Todas las Voces, y ya, sólo eso en términos del documental. Pero de ahí a los últimos 11 años se han multiplicado muchísimo los festivales y varios de ellos tratan de replicar las mismas fórmulas. Entonces ya no se distinguen unos de otros. También la mayoría de ellos surgen a partir de un capricho del Estado o del gobierno en turno. Y una vez que el gobierno sale, se viene todo abajo. Por ejemplo, FICCO se cayó porque era de Cinemex, cambiaron los directivos y se acabó. Entonces es muy importante tener esa independencia y autonomía para que ni las transiciones políticas o las transiciones del sector privado afecten en la organización.

Cuando hablamos de una industria cinematográfica en México, se suele hablar en términos de ficción, pero, ¿qué importancia crees que juega ahora el documental en México?

Yo creo que tiene un papel muy importante. Hace relativamente poco el IMCINE apoya que los documentalistas vayan a festivales internacionales de cine documental. Antes eso era muy distinto. Desde Marina Stavenhagen se crearon fondos dirigidos específicamente a apoyarlo y eso ha posicionado al documental mexicano a nivel global. Sobre todo este último año con Plaza de la soledad de Maya Goded que se estrenó en Sundance o con Tempestad de Tatiana Huezo que estuvo en Berlín. Creo que se hacen muy buenos documentales y no necesariamente se compensa con beneficios del sector cinematográfico nacional, todavía hace falta hacer mucho más.

A mí me sigue pasando que cuando hablo de documentales como películas me dicen que son cosas distintas. O también, que la gente los suele confundir con cortometrajes, pero no…o sea, son películas también. Entonces es cambiar esa noción. Algo que hemos hecho en Ambulante es que el documental llegue a gente más joven, porque las generaciones adultas tienen mucho más prejuicio con el documental, creo que es porque el tipo de documentales que se veían antes eran siempre del mismo tipo, como muy televisivo. Tampoco es que hubiera tanta exhibición. Por lo menos de los 70 hasta 2005 fue casi nula. Ahora estamos tratando de recuperar ese hueco, abriendo nuevos canales de exhibición.

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Aparte de los apoyos gubernamentales, ¿qué otros elementos sociales y políticos han influido dentro de este auge del documental?

Son muchísimas cosas. La violencia no solamente ha generado cine documental, sino también una estética distinta, un lenguaje bastante diferente, quizá un poco más periférico. Creo que la pregunta que se han hecho muchísimo los documentalistas, también debido a los riesgos que corren tratando de hacer una película sobre el tema es, ¿cómo abordar la violencia desde otros puntos de vista estéticos y narrativos? Como por ejemplo, Natalia Almada con El Velador (2011), que filma la evolución de un cementerio como una manera de demostrar la cantidad de muertos víctimas de la narcoviolencia en Sinaloa. O los documentales de Tatiana Huezo, donde hay testimonios muy duros pero con imágenes más abstractas. Eso para mí ha sido un fenómeno mucho más interesante en cuanto al documental mexicano.

Refiriéndonos a nivel mundial, creo que fue la proliferación general de medios audiovisuales y el control de la información. Se han generado muchísimos cuestionamientos en torno a este tema. Sobre todo de las grandes corporaciones mediáticas que dominan prácticamente los medios de comunicación mainstream en el mundo. Entonces el documental ha adoptado una postura que le hace frente a este control de información más homogéneo. Y también por otro lado, creo que nosotros como consumidores nos hemos vuelto más críticos en cuanto a lo que vemos. Ahora ya hay mucho más sospecha de quién nos está presentando esta información. Más en México, donde hemos vivido un monopolio a nivel televisivo y también a nivel de exhibición. En el último año yo sí diría que de todos los sexenios que he vivido, éste ha sido donde mayor control se ha ejercido contra la información. Ahora vemos a medios de comunicación totalmente coludidos. Entonces esto ha cobrado muchísima más importancia en la voz y visión del cine documental.

Tomando en cuenta la crisis que viven los medios de comunicación de gran alcance, debido en parte a la inmediatez de internet y a los conflictos de intereses económicos, ¿crees que el cine documental aprovechó ese hueco para ser un testimonio más profundo?

Sí, absolutamente. Además se caracteriza justamente por la investigación profunda que no permite como dices, la inmediatez. Ahora ya no existe el periodismo de investigación real, todo tiene que ser la nota inmediata. Ese afán de profundidad definitivamente lo tiene el cine documental y sí creo que eso es otro de los valores que ha adquirido como medio.

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¿Crees que ahora la calidad del cine documental está superando a la ficción?

Yo diría que sí. Siempre lo digo (risas). Es que realmente en México –por lo que he podido ver, y tampoco es que vea muchísimas películas de ficción–, por lo que vi de la selección oficial del Festival Internacional de Cine de Morelia, fue que la competición de cine documental era muy superior a la de ficción. Tiene que ver con que el documentalista siempre está cazando historias y es como un proceso de descubrimiento y de evolución. No es que todo esté preescrito antes de filmar, creo que esa característica de búsqueda no necesariamente la tienen los directores de ficción. Al final se ve reflejado en las películas esta especie como de falta de curiosidad.

¿A qué se deberá?

Honestamente, siento que los directores están tan preocupados por hacer una película que no tienen una base tan amplia de teoría ni suficientes referencias cinematográficas. Yo no estudié cine, pero creo que una de las enseñanzas más grandes para mí ha sido ver tantas películas. En mi caso he podido ver lo que pasa en el mundo, pero también qué tipo de documental se está haciendo. Ahora también se hace esta mezcla entre lenguaje de ficción y no ficción en los documentales.

Entonces creo que tiene que ver con falta de referencias y de curiosidad en el sentido de ver cine por parte de los realizadores de ficción. Porque muchas veces se hace la misma película y no se dan cuenta que eso ya se hizo 25 veces. Les hace falta tener referencias de historias y de otras maneras de hacer cine. Luego también en ficción está el gran reto de saber dirigir. Ahora está un poco de moda dirigir a personas que no son actores profesionales. Muchas veces siento que los directores no saben dirigir actores y ahora menos si no son actores profesionales. Al final se ve muy obvio.

Como Amat Escalante…

Sí, más o menos. Tuvo suerte en algunas, pero no en todas. Carlos Reygadas también comenzó con esto. Puede ser muy impactante visualmente pero no conectas con los personajes. Falta ese elemento de conexión.

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¿Podemos hablar ahora de Ambulante como uno de los festivales más importantes en México, y ponerlo al mismo nivel de importancia que Morelia, Guadalajara o Guanajuato?

Sí, aunque esos son festivales con una programación mucho más amplia. Tienen competencia. Nosotros nunca la hemos tenido. Pero yo sí diría que Ambulante es un referente a nivel mundial en los festivales de cine documental. Ya aparecemos en listas de los 10 más reconocidos o de los 20 más importantes. Creo que también nos hemos convertido como en una especie de circuito de distribución, a veces somos la única vía de salida de muchísimos documentales en el país. Entonces ahora justamente estamos viendo cómo podemos aumentar eso, porque dentro del festival es un número muy limitado de películas las que podemos tener, pero sí podemos generar un circuito de distribución como lo es ahora Ambulante Presenta, donde a lo largo del año podemos extender la exhibición de las películas a nivel regional. Eso es algo que a mí en lo personal me gustaría seguir trabajando. No me gusta la idea de que los documentales se vayan directo a televisión, Netflix o iTunes. Porque también es cine y se tiene que ver en una gran pantalla y con gente. Muchos de ellos abarcan temas que se tienen que reflexionar en conjunto.

¿Por qué nunca se planteó la competencia en Ambulante?

Porque no nos interesaba. Desde un principio sabíamos que íbamos a escoger las películas que para nosotros eran importantes. No nos interesaba algo más encima de eso. De alguna manera pensamos que todas las películas tenían el mismo nivel de importancia y nunca nos llamó la atención este lado glamoroso y mediático. De alguna manera, y desafortunadamente, los premios, las ceremonias, los festivales y los mercados definen un poco el éxito de una película, pero no tendría que ser así.

El efecto que eso ha tenido es que ahora hay muchos programadores que ya no programan, en el sentido de que no buscan material para descubrir nuevas cosas, sólo checan qué premios han ganado ciertas películas y entonces son lo único que ven para programarlas en sus propios festivales. Eso limita muchísimo lo que se ve al final en los circuitos de festivales y de distribución. Cuando pueden haber joyas sin tantos reflectores que al final por eso nunca van a ver la luz de la pantalla. Yo estoy en contra de esa parte, y en Ambulante no tiene sentido. Porque como comenté, Ambulante va dirigido al público, no a contribuir a la industria de esa manera. Ni nos interesa gastar el presupuesto para traer jurado, prensa, distribuidores y demás. Creo que hay festivales que ya cumplen con esa función, pero nuestra intención es otra.

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Otra cosa que caracteriza y define a Ambulante sobre otros festivales es la gira que se realiza al interior de la república para exhibir las películas. ¿Cómo es ese proceso de logística y acuerdos con los gobiernos de los estados para convencerles de que inviertan?

Es una de las cosas que más aborrezco. Es muy difícil convencer al gobierno del valor de la cultura o de por qué es importante invertir en ella. Antes viajábamos y mandábamos oficios con toda la información del festival solicitando una cita con los responsables, pero ahora este año lo que hacemos, y que lamentablemente es cómo funciona el país, es que en las conferencias de prensa inaugurales en los estados en donde no nos contestaron nunca o no nos apoyaron, lo mencionamos. Entonces sale el periodicazo y ha funcionado. Por lo menos Coahuila nos terminó apoyando. Michoacán y Guerrero fueron casos distintos. Por ejemplo a Guerrero lo sacamos de plano de la gira, y nos hablaron al día siguiente para darnos una cita con el secretario de cultura. Entonces ni modo, este gobierno funciona así. Pero no tendría que ser de tal forma. Ahora tiene que ser una estrategia nuestra denunciarlo para que nos puedan tomar la llamada o agendar la cita. Eso es tristísimo, porque llevamos 11 años y un programa prácticamente gratis de primera calidad a todos los estados. Y en la mayoría de los casos con un apoyo prácticamente nulo de los gobiernos. A nivel federal recibimos apoyo, que es lo que nos mantiene por medio de la Secretaria de Cultura, antes CONACULTA. También tenemos mucho apoyo de socios locales como restaurantes, hoteles y medios. Pero del gobierno estatal es muy poco lo que recibimos.

También en Oaxaca el panorama era tan complicado que tuvieron que amenazar con no regresar al siguiente año.

Sí, fue básicamente por eso, porque no recibimos apoyo. El último apoyo tardó varios años en pagarse y pues es una gran frustración, porque por otro lado tenemos un gran público y todo funciona perfectamente bien. Yo sí creo que nosotros desde la sociedad civil y desde la cultura tenemos que imponer nuestros valores en torno a ella. Para nosotros el gobierno tiene que valorar la cultura, y si no la valora, pues entonces nos cuesta mucho trabajo hacerles el favor. Porque además cuesta ir a cada uno de estos estados, en términos de recursos humanos y económicos. Y si hay alguno al que no hemos ido pero que está dispuesto en apoyar, pues iremos sin ningún problema.

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De alguna forma se depende mucho de los recursos que dan los gobiernos estatales, pero, ¿cómo poner esa línea divisoria entre el festival y gobierno para que Ambulante no se convierta en una plataforma proselitista?

Ahí siempre hemos sido súper claros. En ocasiones que han tratado de colgarse de eventos de Ambulante sin haber participado, yo sí he mandado cartas, incluso al gobernador, diciendo que lo siento mucho pero que no pueden venir a inaugurar el evento porque no nos apoyaron. Tenemos que dejar muy claro que somos independientes, autónomos y programamos lo que queremos. Afortunadamente nunca hemos enfrentado censura. Y si la hubiéramos enfrentado no hubiéramos aceptado el apoyo, porque es realmente muy incongruente hacerlo.

He estado en comités de evaluación en los que a pesar de que la mayoría opina que ciertas películas son las mejores, si son sobre México y hablan de temas incómodos, no han salido esos apoyos. A nivel gobierno hay censuras muy indirectas que vienen desde las mismas empresas a las que va uno a pedir fondos, a pesar de que sean nuestros impuestos los que están realmente yéndose a apoyar el cine. Las empresas deciden qué temas quieren y cuáles no, cuando no debería ser así, debería ser un comité independiente, incluso yo diría ni mexicano, ¿por qué no unos españoles?, que podrían tomar una decisión mucho más imparcial.

Entonces, a mí me molesta eso profundamente. Sobre todo cuando son fondos públicos que vienen de nuestros impuestos para apoyar el cine y no veo por qué tiene que haber alguien tomando decisiones de los temas y peor aún, empresas que quieren una participación de la taquilla. Eso ya es hacer un negocio con tus propios impuestos. Hay temas de censuras muy sutiles, pero también de malas prácticas, que son fraude al final.

Han pasado muchísimas cosas en Ambulante estos años. Si tuvieras que elegir un momento clave, en el sentido de crisis o de que sintieras que las cosas no estaban funcionando, ¿qué momento elegirías?

Creo que todas las crisis se han dado por el crecimiento muy repentino de todo. Una para mí fue haber dicho «sí» a todo. Eso es algo que he aprendido a ya no hacer. Pero en un momento pasamos de ser un festival hasta convertirnos en una organización que también apoyaba la capacitación, otorgaba becas y que se replicaba en otros países. Creo que eso se pudo haber dado de manera mucho más paulatina. También produjo mucho movimiento al interior de la organización, como salidas de personas muy importantes. Después fue muy complicado amortiguar todo eso. Por otra parte, el nacimiento de Ambulante Más Allá causó mucha confusión, aunque para mí es un proyecto muy importante y que ha tenido también muy buenos resultados. Fue un crecimiento grande en ese momento. Y por supuesto, las salidas de Ricardo Giraldo y Eva Parentau.

Después de lo que mencionas, ¿cómo hiciste para mantener el liderazgo a lo largo de cada edición?

Pues para mí ha sido muy difícil, porque nunca tuve dirección de nada. Fue complicado tratar de no replicar esa falta de guía en el equipo. Aprendí mucho de estos procesos organizacionales. Lo principal fue el cómo guiar pero sin convertirme en un dictador, y a veces, sin que fuera tampoco una anarquía, que fue más mi caso (risas). Al final también algo que ha sido clave del éxito de Ambulante es un estilo de liderazgo muy horizontal: tratar de empoderar a la gente, de darles mucha responsabilidad. Creo que hay más ventajas que desventajas en eso. Si uno siente que tiene muchas responsabilidades por lo general va a hacer muy bien su trabajo, porque existe esa confianza.

Creo que ha sido importante lo que sucedió en Colombia: sentarnos con un grupo de personas que no conocíamos más allá de la buena vibra y hasta ahí. Conocimos a Camilo Corredor y Camilo Cruz en una fiesta y ahí compartimos información, que es algo que en el medio de cine es muy difícil, que alguien te quiera compartir algo. Para mí siempre ha sido básico, compartir conocimiento, información, herramientas, presupuestos, todo lo que se necesite para poder hacer bien el trabajo. Ahí nosotros lo compartimos con Colombia, con los de El Salvador, con los de California, e incluso con otros socios que tenemos que quieren hacer festivales similares. Eso al final funcionó, porque uno no puede controlar todo. Tienes que dejar que suceda por sí solo, es también la manera en que Ambulante ha logrado abarcar tanto terreno.

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Una situación muy complicada, y con la que ha lidiado mucho el personal femenino de Ambulante, es el machismo de la propia industria y de la clase política, ¿cómo han enfrentado esto?

Pues ha sido terrible. Lo digo siempre que me preguntan, pero lamentablemente sí me tengo que autocensurar para decir quiénes han sido, y ni siquiera por mí, sino porque siento que puede afectar el financiamiento de la organización. Es una posición espantosa, porque es algo que se tiene que saber y decir quiénes son. Algunos podrán tener la percepción de que necesariamente son los conservadores de derecha, pero no, el machismo está permeado en todos los partidos. De hecho, en la misma constitución del festival, casi siempre fuimos mujeres jóvenes, hasta que ya de plano fue una preocupación grande la equidad de género y empezamos a balancear un poco más las cosas. Pero también fue en respuesta a la industria del cine, por lo menos la que yo viví desde que entré al medio, desde distribuidores, exhibidores e incluso en Canana todos eran hombres menos yo. Entonces ¿cómo lidiar con eso y enfrentarlo? Creo que sí debemos denunciarlo, pero tampoco dejar que nos afecte tanto. También es importante promover una cultura más equitativa al interior de la organización y procurar que la programación refleje esa equidad. Incluso en términos de contenido procurar que los documentales tengan que ver con el tema. Por ejemplo, este año tuvimos el enfoque de género.

A lo mejor te pido mucho pero, ¿podrías dar unos ejemplos de las situaciones a las que se han enfrentado?

Han sido varios. Una vez, fuimos a ver a un diputado y lo primero que dijo cuándo nos vio entrar fue «qué bueno que ya me mandan chavitas guapas». Otro por ejemplo, teníamos hace varios años un coordinador de prensa que cada vez que le preguntaba algo, volteaba a ver a Pablo Cruz y le contestaba a él, como si yo no existiera. Eso era muy impactante, porque al final quien le estaba pagando su sueldo era yo, no Pablo. Entonces dices, ¿ni siquiera me puede respetar para contestarme una pregunta? O incluso juntas en las que automáticamente si llegábamos dos mujeres y un hombre, las mujeres éramos la secretaria y la asistente. Pero pasa mucho más, y no sólo con los hombres, el machismo es una cultura que también está muy arraigada con las mujeres. En esos momentos, varias mujeres que tenían puestos importantes en el cine no me recibían, recibían mejor a Pablo porque yo era una chavita joven. Ellas mismas replican esos mecanismos de machismo. Entonces no es un problema sólo de los hombres, creo que ahí se ha vuelto mucho más evidente, pero es una cultura machista en la que participamos todos, incluida yo por no denunciar esas personas por su nombre.

Por último, emprenderás la dirección de tu propia compañía enfocada en la producción de documentales, ¿cómo será ese proceso?

Sí, en agosto comienzo la productora, pero me quedaré en el consejo del festival, así que estaré muy cerca. Ambulante ha sido básicamente mi vida. Fue un aprendizaje gigante en términos de conocer ese lado de la industria. Ahora después de ver tantas películas me entró una necesidad gigante de contar historias y cruzar a la línea de la creación. Mucha gente lo hace al revés, la mayoría yo creo. Esa parte a mí me interesa mucho. Además, obviamente me interesa quedarme en el cine documental, porque siento que falta mucho por hacer en México. Hay muy pocas casas productoras que se dedican exclusivamente a hacer documentales, entonces eso es lo que me interesa. Más adelante se hará el anuncio oficial.

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