Enrique Metinides: El fotógrafo que la prensa mexicana muere por tener

Por Óscar Tinoco

Uno nunca está listo para las desgracias. Ni siquiera cuando cruzamos la puerta nos pasa por la mente la idea del no retorno. Una mañana del 29 de abril de 1979, la periodista Adela Legarreta se preparó para ir al salón de belleza. Tenía que lucir despampanante para la presentación de su nuevo libro. Después pasaría por su hermana a la colonia Roma y se irían juntas al evento que había preparado la editorial. Un poco antes de las dos de la tarde, un violento accidente entre dos autos provocó la muerte de la escritora que cruzaba la avenida Chapultepec y Monterrey. El incidente sucedió en un par de segundos. La mujer quedó estampada entre el semáforo y un poste de luz, ocasionándole un pronto deceso.

Enrique Metinides (Ciudad de México, 1934), quien entonces trabajaba para el diario La Prensa, fue de los primeros en inmortalizar el momento en una fotografía que hasta el día de hoy sigue colgada en varias exposiciones de todo el mundo. En la imagen se observa cómo un hilo de sangre surca el rostro y los ojos verdes yacen abiertos, mientras el paramédico busca taparle la cara. Los mirones comienzan a ser parte del barullo.

Sería injusto definir una trayectoria con una sola foto, pero «La güera» es una de las más memorables en la extensa obra de Metinides, que este 2016 celebra sus 82 años con una galería en el Museo Cuatro Caminos y el estreno de un largometraje que retrata su vida: El hombre que vio demasiado, de la inglesa naturalizada mexicana, Trisha Ziff. El cual se estrena en la Ciudad de México durante la onceava edición de Ambulante: Gira de Documentales.

Un histórico de la nota roja

Decía Kundera que la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. A Enrique Metinides la casualidad lo obligó a abandonar su infancia para convertirse en fotógrafo profesional a los 11 años. Posteriormente, su habilidad y técnica lo llevaron a ser uno de los referentes más importantes en el fotoperiodismo mexicano.

Aunque el fotógrafo se jubiló hace mucho del oficio, su trabajo cobró un auge inesperado en todo el mundo. Hoy sus fotografías recorren diversas galerías en Europa y Estados Unidos, donde la audiencia queda atónita ante la brutalidad y el horror de la muerte, presentada con crudeza y sin lugar a la imaginación.

Una de las características de las fotografías de Metinides es su obsesión por ir más allá del morbo de la desgracia, lo que ha catapultado a su obra como parte de la cultura visual que fomenta el debate de lo que se concibe como arte dentro de la nota roja.

Cuando Trisha Ziff, documentalista y curadora de varias galerías, comenzó a residir en México, organizó varias exposiciones del mexicano en el extranjero. Su interés en abundar más sobre su figura la llevó a rodar por más de 3 años un documental que retrata su obra y otros temas como la condición humana, la fragilidad y la violencia.

En el filme, el protagonista es el propio Metinides, quien cuenta cómo era su infancia hasta el momento en que su padre le regaló su primera cámara Brownie Junior. La narrativa ágil y la selección de fotografías permiten que el público quede perplejo a lo que vio en su momento una privilegiada mirada: la tragedia, la muerte, y el vouyerismo del espectador.

Trisha Ziff aborda con un guión interesante el mundo en que se movío Metinides y así documentar los accidentes que forjaron su carrera. La película alterna su vida con entrevistas a su familia y a otras personalidades como Pedro Meyer, Michael Neyman y Dan Gilroy (Nightcrawler). También invervienen actuales fotógrafos de la fuente, lo cual nos permite conocer la importancioa del legado de su obra, las preocupaciones y obsesiones del propio Metinides y cuán expuestos están los fotoperiodistas en la actualidad.

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Un hecho en el que hace hincapié la cinta es evidenciar el predominio de la inmediatez y la poca sensibilidad con las víctimas. El respeto en los actuales medios parece no ser demasiada. Enrique, también apodado «El niño», siempre estuvo en contra de esa cuestión y nunca trató de ser reconocido como un fotógrafo morboso y visceral. En el argumento de la cinta, él defiende esta sentencia. Su trabajo estaba rodeado de una visible obsesión y una habilidad para transgredir el propio accidente. Más allá de lo inefable, sintetiza el terror y habla de los miedos de vivir en una gran ciudad donde en cualquier momento podía suceder lo peor.

Actualmente, en Europa se organizan grandes exposiciones para discutir y admirar su obra, incluso medios extranjeros de relevancia como el New York Times, The Guardian o Der Spiegel le dedican reportajes enteros, y él, tras una vertiginosa vida, permanece anclado en una soledad de colecciones de ranas y carritos de bomberos, además de montones de álbumes de fotografías apilados que resumen sus memorias y recuerdos.

Enrique Metinides está convencido de que sus 7 vidas se le han terminado y que cualquier eventualidad podría costarle cara. Los terribles eventos a los que acudió siempre con profesionalismo lo han alejado de cualquier riesgo. Sabe que el tiempo cobra factura y que ya no es el joven de antes. No podemos dejar de cuestionarnos por qué su mirada ha impactado tanto en el extranjero. México aún no puede presumir de poseer una escuela forjada bajo su lente y estilo.

El hombre que vio demasiado recorrerá el país con Ambulante hasta el 2 junio y su exposición en el Museo Cuatro Caminos, curada por la misma Ziff, permanecerá abierta hasta el 15 de mayo.

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