Irrational man: Extrañamos tanto al Woody Allen excéntrico y paradójico

Por Guadalupe Gómez Rosas

¿Es o no incesto? Es la pregunta recurrente cuando escucho ‘Woody Allen’. Repaso a mi profesor de Antropología instigando a la discordia en un salón. Por supuesto, mi mentor se refería a que el neoyorquino se enfrascó con su hija adoptiva Soon Yi.

La respuesta teórica es «sí hay incesto», porque la relación padre-hija es una construcción social, independiente de sus rasgos consanguíneos.

Tal vez empecé mal para hablar de Irrational man (2015), o tal vez lo hice como quería, porque precisamente lo que hace Allen es perturbar su vida y sus películas con un litigio moral y ético.

Manhattan, graciosa y dramática, fue impedida en su tiempo porque las faldas noveles a merced de hombres maduros no son bien vistas. Match Point nos aterra porque el amor es bestial y la ambición un poco peor, la película hiede a humanidad. Annie Hall desmantela su tiempo con ritmos hilarantes y lírica de dolor.

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Irrational man no escapa del estruendo ético, ni del constante pensar filosófico de Allen, tampoco del humor involuntario, un poco tenue y frágil. Lo que es reconfortante es distinguir su cine: aunque no viéramos los créditos, aunque no supiéramos nada de la película, hay migas de pan que se recogen en el largometraje… pero para mí falta algo desde hace tiempo.

Hay buena química entre los actores, rasgos que gritan que es un filme del neoyorquino, pero solo eso, una película de Allen. Hay un filme integral, redondo pero remendado con pedacitos del pasado. Otra vez el tipo mayor con problemas existenciales, otra vez la musa que no podemos relegar porque la cámara la adora, otra vez un disturbio en el centro resuelto en vías inusitadas.

Joaquin Phoenix (Abe) es certero por el acercamiento con su papel, donde emula a un catedrático brillante y trastornado. En lo particular me flecha porque amo a los miserables y es justo el profesor del que me enamoraría, porque la mayoría quiere salvar al perro que está a punto de ahogarse.

En el paradójico complemento está Emma Stone (Jill), quien materializa a la alumna y salvadora universal. Una joven universitaria modelo: lúcida y neciamente hermosa, no pretende serlo, simplemente es.

El cruce de vidas es necesario, no hay forma de eludir este roce. El centro del filme se adhiere a una razón ajena pero potente para la transformación del rol interpretado por Phoenix: una muerte. Con ello vendrá la disruptiva ética y reclamante de Allen.

Al final hay un trabajo apacible y bien fabricado, pero en lo personal anhelo que se arroje la carne al asador, que la pantalla se bamboleé de desconcierto… extraño al excéntrico y paradójico Allen.

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