Fiesta del Viento: apología del proselitismo

Por Guadalupe Gómez

Las condiciones del reino son vidriosas y el gran monarca lo sabe. La desesperación se lame los labios y busca remedios en lo que antes consideraba anárquico y contrario. No es un novela, es un territorio llamado Hidalgo, marcado por la parentela y las influencias.

En un país con un bono demográfico volcado a la basura, no falta el oportunismo y las obscenas pautas de proselitismo para acaparar ese sector juvenil que gravita entre la necesidad y la expectativa.

Un poco de circo y un poco de pan, pero la necesidad efectiva nunca. En Hidalgo gobierna un anciano partido que intenta violentamente aclarar que sus decisiones son las correctas: un trozo de cultura para el pueblo, pero que sea controlada; un poco de apoyo pero no desmedido; una porción de educación, pero una que no sea relevante.

El facto

Sin afán de crear este texto me situé en el epicentro de la manipulación y el circo hidalguense. Asistí a un evento en la ciudad de Pachuca, que si bien no prometía la nada tampoco era un descubrimiento. El nombre: Fiesta del Viento.

Las enseñanzas de Platón revelaron, desde hace siglos, que las ideas no están conectadas en su totalidad con las apariencias; por eso hay que desconfiar del más clemente y dar oportunidad al más rufián. Así fue como un inocente y emprendedor cartel de música, gastronomía y cultura se apegó al imaginario colectivo de los pachuqueños.

Sin embargo, los aparatos ideológicos tienen brechas que develan los artefactos comunes de su proceder. Semanas antes del evento circulaba una base de datos en línea para «apuntarse» al acontecimiento, al fiel y puro acto tricolor para engordar sus filas de militantes. Unos días de vanguardia pisarían el escenario, el precio de observarlo: e-mail, nombre y teléfono.

No fue un cartel malo para una ciudad tan pequeña. Incluso sorprendió la puesta en escena de gente de la gastronomía y la cultura nacional, personas representativas y transculturales. No obstante, la apertura pregonada fue poco a poco enturbiada con tantas dudas y fragmentos que explotaban justo frente de nuestros ojos.

 ¿5 millones, 10 millones? ¿Cuánto costó? ¿Fue iniciativa privada o fue el Gobierno? ¿Los chicos de la entrada son voluntarios, contratados o aspirantes políticos? ¿Por qué la conductora sigue el maldito estándar de la chica que conduce el clima? ¿Por qué hay comerciales de gobierno del estado y no de los demás patrocinadores?

Pensé que ya no éramos los remedos de nuestros padres… pensé… pero al final de cuentas, como ojo observador o participante, estuve en una concentración pseudocultural con otras 15 mil personas de mi edad.

Extrañé el Vive Latino o el Corona Capital, porque sus intenciones capitalistas están al frente y al desnudo, porque acudir a ellos es pactar una transacción hasta cierto punto honesta. Eché de menos las entrevistas y saludos grabados que comúnmente aparecen en la espera para el siguiente acto en un festival. En su lugar escuchamos un frívolo comercial del «benévolo» Gobierno de Hidalgo, cuyos apellidos son nepotismo y tráfico de influencias.

En Brasil, durante la dictadura que amasaba los años 70, surgió una especie de religión que combinaba el budismo con la vanguardia, donde la fiera realidad era llevada a niveles de ilusiones y paradigmas de esperanza, todo para soportar lo que realmente azotaba a esa nación. Pienso que en México tenemos un modus operandi parecido, no se trata de una religión o de recitar haikus, sino de una especie de letargo donde el cinismo y el inapetente militan.

Si no, cómo nos explicamos que en plena época de elecciones nadie hizo nada, ¿en realidad nadie opinó al respecto?

En medio de mi entelequia pienso que todos somos más inteligentes, que asistimos porque la única manera de apropiarse de las calles y el territorio es marcándolo y colocando pautas incluso en tierra primitiva. No eximiéndose, sino penetrando.

La desesperación

La Sociología de la Religión afirma, entre otras muchas cosas, que las creencias espirituales despuntan cuando el gobierno no es suficiente, cuando no es valioso para la comunidad. Por eso nuestros milagros deben ser al cielo o al inframundo, porque en este mundo de tacto y vista sólo se puede esperar una muerte lánguida mientras nos extirpan todo lo que tenemos.

Por ello San Judas y la Virgen siguen reinado en este paraje, que claramente no es malo ni bueno, sino una necesidad; menester que también es usado por el gobierno mientras organiza visitas papales para las que no debería existir presupuesto.

Evidentemente las vías pueden ser la tradición o la contracultura, pero el gobierno apuesta por la confusión, mientras nosotros seguimos en la exigua existencia con poco ingresos y funestos servicios.

La pregunta es si realmente no hay forma de evadir estos acontecimientos o si estaremos dispuestos a enfrentarnos a las nuevas formas de interacción.

La oportunidad

Canclini diría acertadamente que nadie está fuera del sistema, ni los más rebeldes. «No pueden inventar el lugar en el que trabajan, ni el transporte que los lleva, ni la escuela en la que educan a sus hijos… por más usos transgresores que se hagan… la resignificación es temporal».

Es una afirmación que duele pero también una exigencia. Sí, fui a la Fiesta del Viento y lo volvería a hacer, porque el sistema no es foráneo aunque estemos en desacuerdo, porque no somos ajenos a evidenciar a un gobierno que cree que nos tiene en los bolsillos.

Basta recordar que Malcom X adquirió este apelativo no por la lucha afroamericana y los derechos humanos, sino por el futuro X que vendría cuando la comunidad negra se asumiera como libre, respetuosa y exigente de sus derechos. No somos hijos de las teorías remotas, sino constructores de un futuro incierto que se genera con las preguntas y los espacios de adquisición pública.

Al final la apuesta no es franquearse, ni mantenerse limítrofe; es ser partícipe, es hurgar, trazar y clamar, porque el mundo es la suma de los vectores por desiguales que se presenten.

 Un dato

Se esperaban 30 mil personas, al final la ocupación fue del 50%. Para muestra fue la presentación del domingo, que estuvo abierta a público general sin mostrar el «boleto gratuito».