Confabulario de bajos: Alonso Arreola, Trey Gunn y Michael Manring

Por Miguel Ángel Morales

Foto superior: Lunario del Auditorio Nacional

Tratándose de un supergrupo que ya había dado un recital hace dos años, las comparaciones y expectativas eran inevitables. En aquel no tan lejano 2014, el trío integrado por Trey Gunn, Alonso Arreola y Michael Manring recién comenzaba sus presentaciones con mucha improvisación y sorpresas (recuerdo aquel «popurrock» de Alonso), pero no se sentía del todo integrado en su conjunto. En el momento en el que actuaban reunidos era notorio que al proyecto le hacía falta la conexión que se adquiere con el tiempo y la complicidad, cosa que se logró en la presentación de este 29 de enero de 2016. Vayamos a eso. Desde los primeros minutos de las 21:00 horas, los músicos, ahora con el nombre de 3 Below, sonaron aceitados e imponentes, cada cual con un estilo y técnica diferente pero complementaria.

Primero se dejó oír un huapango sincopado en el que el mexicano demostró sus cualidades de líder. El ex integrante de La Barranca es un instrumentista que parece haber heredado lo mejor de su árbol genealógico: nieto del admirado escritor Juan José Arreola, Alonso declama con hilaridad anécdotas que lo colocan como un interesante artista a caballo entre lo literario y lo musical. Sobra decirlo, Arreola es un consumado creador de melodías y ritmos. El tapping, slap y demás técnicas están al servicio de las historias que suelta al público. Se trata de un auténtico raconteur: puede hablar de animales fantásticos, devorar y transformar una pieza de Cerati («Puente») en una pequeña joya bajística, y deconstruir himnos bowieanos y lemmianos en sonidos suyos. Incluso se da el lujo de invitar a Sabo Romo a confabular con sus amigos juglares.

De Gunn podemos agregar poco a su currículum de lo que ya se ha escrito: ex integrante del King Crimson y un instrumentista como pocos en el mundo, el texano ha dado una nueva arista a su de por sí inaprensible estilo. Hace unos cuantos años, Gunn realizó un viaje por África al lado de Arreola y su hijo. El propósito consistió, entre otras cosas (y lugares), en aprender la música y cultura de Mali. En 2016, los resultados de tal travesía salen a la vista. La primera pieza que tocó en su participación solista abrió nuevas texturas a la paleta tímbrica (y sobre todo rítmica) conocida del inquieto guitarrista warr. Si bien este instrumento parecido al Chapman stick requiere del golpe de cuerdas para alcanzar sus máximas posibilidades armónicas y melódicas, en este concierto fue notorio que Gunn se ha vuelto un más que minucioso ejecutante de ritmos africanos. Capa por capa, el también integrante de proyectos como  KTU o Security Project envolvió al escenario entre atmósferas tensas pero llenas de mucho groove, y obras de orfebrería electrónica. Después sacó un ukulele y todo fue tranquilidad… por unos segundos. Después regresaron los característicos loops y riffs abrasivos. Sentado, cual maestro zen, Trey demuestra que la mayor intensidad jamás escuchada puede fluir en las posiciones más calmadas.

gunn

Por último, sale Michael Manring, auténtico caballero del bajo fretless. Incluso es amable antes de tocar: se disculpa por la verborrea que Donald Trump ha dejado caer sobre los mexicanos. El alumno avanzado del legendario Jaco Pastorius trajo el momento elegante de la tocada. En mangas de camisa, el bajista se sienta sin prisa. Cruza la pierna, como instrumentista de academia. La mano derecha coloca un ebow sobre las cuerdas. Las notas parecen salidas de un sintetizador. El sonido grave vuelve para recordanos que ante todo, esto es un concierto de bajistas. «¡Manring para presidente!», alguien clama.

Gunn y Arreola se integran al final. Ahí se vuelven a notar las diferencias entre cada uno de los músicos. Arreola, el más extrovertido. Gunn, el cerebral. Manring, el metódico y perfeccionista. Ante tal grupo uno se queda pensando que los límites del instrumento aún no están dichos.

Yo, salí tarareando: «Hoy te busqué en la rima que duerme con todas las palabras…»