Una sátira griega contra el pene: Chevalier, de Athina Rachel Tsangari

Por René Soltero

Sucede que, a veces, los magnates del orbe se divierten mientras su entorno se desmorona. Sucede también que los ciudadanos de ese mundo en llamas ubican a ciertas naciones como referentes de la crisis global. Grecia es uno de esos desafortunados elegidos para representar la podredumbre. El papel lo han jugado India, Centroamérica, África. De México mejor no hablar. Grecia es una desgracia andante, lo cual, por supuesto, no es impedimento para que los yuppies se diviertan paseándose en yate por algunas de sus míticas islas. Seis individuos en bonanza, amigos todos, deciden vacacionar como  creen que se debe. La burbuja parte hacia una aventura alejada de la realidad helénica.

De esto se trata en parte Chevalier (2015), el hilarante filme de Athina Rachel Tsangari, que aborda con gracia el dilema de las masculinidades en el mundo contemporáneo, rico en representaciones de vigorosidad, pero falso en buscar retratar lo íntimo y la fragilidad de las personas. Para ello, la directora ateniense se aventura en el no pocas veces absurdo universo machista, abundante en escenas de búsqueda de superioridad y destreza.

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Después de The Capsule, filme que tuvo un reparto enteramente femenino, Tsangari decidió explorar otra cara, específicamente la de las relaciones de poder que existen entre cierta burguesía masculina, una esfera de dominación en la que las apariencias lo son todo. Pese a los secretos y frustraciones que inquietan a los seis personajes —el elenco está conformado por algunos de los mejores actores griegos de la actualidad, como Giannis Drakopoulos, Kostas Filippoglou, Yiorgos Kendros y Panos Koronis—, su vida pública parece perfecta. El juego se torna siniestro.

Chevalier refleja los temores y debilidades de la sociedad contemporánea, todo con un uso del humor desopilante; una sátira contra el pene, y sobre todo contra esa perspectiva propia del género que nos remite a las luchas territoriales de los animales. La mejor forma de llevar a cabo esa animalidad es el juego. En el filme la tensión se encuentra cuando los seis tipos deciden subir el tono de su territorialidad en una apuesta para ver quién es el más hombre, el chevalier. El filme explora con comicidad los mecanismos perversos que hacen que los individuos muestren única y exclusivamente sus fortalezas, olvidando alimentar su lado más  sensible.

Vivimos en tiempos competividad brutal. Quizá los individuos habían sentido tal inseguridad hacia el futuro. Esto es captado con gracia por Chevalier. La búsqueda de un ganador empuja a sus protagonistas a cometer actos que atentan contra el sentido de comunidad. Pero, ¿qué significa ser el ganador en una sociedad que favorece la sobreexposición de imágenes inmediatas a la reflexión? En Chevalier esta búsqueda de reconocimiento es llevada hasta sus últimas consecuencias. En un mundo en el que aún permanece la marca masculina, la agresividad y sometimiento del otro sigue siendo una constante.

Ganadora del premio a mejor película en el BFI London Film Festival, Chevalier forma parte de la Competencia Internacional de FICUNAM 2016.

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