Los siete libros que marcaron nuestro 2015

No pudimos resistirnos. Vemos con desesperación que todos hacen listas de sus mejores libros y nosotros nos quedamos al fondo sin sentir la autoridad que ese tipo de publicaciones representa. Creemos que es incluso un acto de pecar el determinar con esa arbitrariedad a ‘lo mejor’ del año. Por ello, aquí nuestros siete pecados capitales del 2015.

Los viernes en Enrico’s (Sexto Piso) – Don Carpenter

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La obra póstuma de Don Carpenter terminada por Jonathan Lethem luego del suicidio del primero recorre la vida de cuatro jóvenes escritores en el San Francisco y el Portland de la década de los 50 y 60. No hay un mejor recordatorio de la generación beat. En la novela de Carpenter vemos las ambiciones literarias y las clásicas aspiraciones de fama y fortuna y la forma en cómo estas pulsiones carcomen al grupo de camaradas. Como toda buena novela acerca de hechos reales, Carpenter nos suelta algunos anzuelos envenenados hacia sus compañeros de generación: el dolor de ser una eterna promesa, venderse al star system literario, los excesos y recaídas, todo está ahí con precisión aceitada.

El Reino (Anagrama) Emmanuel Carrère

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El francés Emmanuel Carrère mantiene la tónica de su llamada ‘novela de no ficción’ para su más reciente entrega. El Reino es un libro que combina la autobiografía con una investigación exhaustiva del cristianismo. Arranca con la anécdota del arrepentimiento que le ocasionó el abandonar la serie Les Revenants, de la cual fue guionista hasta el capítulo cinco de su primera temporada. Narra más tarde el refugio que resultó para él la religión en una etapa de su vida y lo mucho que ahora le sorprende haber creído en decenas de afirmaciones que dicta el cristianismo. El grueso del libro es una narración en torno a los cuadernos que escribió durante esa época y la exploración que hizo en los evangelios de san Pablo y san Lucas. Enmedio de ello caben muchas otras lecturas y referencias a las que fue acudiendo para esclarecer ese lapso de su vida. Una fórmula que parece no se le agota y que si bien no alcanza la cumbre que logró con Limonov y El Adversario, sí logra levantar un firme monolito que explica la historia y el presente de las creencias de los discipulos de Cristo.

Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación (Anagrama) – Ricardo Piglia

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¿Qué es una biografía? ¿Qué debe incluirse y qué no? En Piglia este problema esto parece cobrar una importancia vital: para el escritor argentino (tal vez el mayor de todos en la actualidad de la lengua española) todo es puesto e cuestión, incluso el nombre de quien firma. Usando a su usual personaje-álter ego Emilio Renzi, Piglia se funde en él para darnos una obra que no se remite a los años ‘primeros’ como escritor (¿cuándo uno se asume que es escritor?): ahí está incluso la lectura que hizo de Black eyed blonde de Benjamin Black hace un par de años. Uno es también las historias de otros, nos dice Piglia-Renzi, aquello que lee, aquello que fisgonea o colecciona.

Voces de Chernóbil (Debate) – Svetlana Alexievich 

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¿Puede el periodismo equipararse a la literatura con letras mayores? Esta pregunta es la que se hicieron no pocos en varios círculos (el de la crítica, el de la Academia, incluso el mismo circuito periodistico) luego de que la periodista bielorrusa Svetlana Alexievich ganara el más reciente Premio Nobel, pregunta que queda contestada con la siguiente afirmación: si asumimos que toda escritura es ficción, todo texto que plasma una aspiración concreta de las sensibilidades humanas merece ser llamado literario. Alejémonos de la idea acomplejada y ortodoxa sobre los géneros: desde la descripción de la realidad por parte de Heródoto hasta la descripción de la madalena por parte de Proust, existen diversas formas de acceder a lo real. En el caso del periodismo son pocos los que llegan a ese Olimpo literario, sin embargo, los que llegan a ese lugar (Truman Capote, Martín Caparrós, Gay Talesse) a veces nos entregan obras atemporales que van más allá de la realidad próxima.  La obra de Alexievich es muesta de que el periodismo puede ser subjetivo (¿qué es la objetividad en el periodismo?), atemporal, visceral y sensible; y de que la literatura es sobre todo el arte de esculpir la palabra. Desmontados los géneros como la crónica y el reportaje y fusionados con la narrativa literaria, éstos funcionan como un artefacto que brinda elementos que logran retratar emociones auténticas en este mundo degradado.

Su libro Voces de Chernóbil, en el que presenciamos diversos testimonios sobre la tragedia radioactiva de Chernóbil, hay datos, sí, pero lo que importa es tanto los casos individuales como el cúmulo de sobrevivientes a la catástrofe. Se trata de uno de los libros corales más sentidos de los que se tenga registro acerca de un desastre de grandes proporciones. Por ejemplo, veamos el caso de Liudmila Ignatenko, una joven de 23 años, con seis meses de embarazo, que se aferró al cuerpo  destrozado de su esposo durante las dos semanas de su agonía. Algo realmente estremecedor. Es un libro de horror, pero también de amor. En palabras de la propia Liudmila: «Esta gente se está muriendo, pero nadie les ha preguntado de verdad sobre lo sucedido. Sobre lo que hemos padecido… Lo hemos visto… La gente no quiere oír hablar de la muerte. De los horrores. Pero yo he hablado del amor… De cómo he querido…»

El bar de las grandes esperanzas (Duomo) – J. R. Moehringer

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Existe un antes y un después en la vida de J. R. Moehringer. En el medio está Andre Agassi. A pesar de haber ganado el Pulitzer de periodismo en el año 200o, no fue hasta que ayudó al extenista a hacer su biografía que la fama del escritor se cimentó. El reto para superar aquello era complicado. El libro de Agassi fue tremendamente bien recibido. La primicia para hacerlo no sonaba tan convincente: contar la historia de un bar. Sin embargo el cómo es el que suele traer reconocimiento a los autores. Moehringer traza con maestría el drama familiar que significó que su padre alcohólico abandonara a su madre cuando él tenía apenas siete meses. El bar Dickens fue un lugar sustancial para la etapa de sus 20 años. J. R. acude de forma disfrazada a la autobiografía y deja claro que es el modo de escritura en el que más cómodo se siente.

La mujer de pie (Galaxia Gutenberg) – Chantal Maillard

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La belga Chantal Maillard es irónicamente una de las voces femeninas más relevantes y prolíferas en lengua hispana. Tan solo en 2015 publicó tres libros. Uno de poesía (La herida en la lengua, Tusquets) y dos ensayos: La barba del caracol (Vaso Rojo) y La mujer de pie (Galaxia Gutenberg). Es este último el que sobresale de su más reciente obra. Un ensayo poético contado en tres registros. Poesía del dolor en forma de prosa. La enfermedad, la vida y la muerte. Desde muy joven Maillard se propuso que una de sus metas sería encontrar el sentido de su existencia y es este uno de los trabajos en donde más se acerca a ello. No es un decreto que la define, es una invitación a que cada quien encuentre la suya. A través del desceso de su madre, Chantal nos lleva a un espacio al que frecuentemente deberíamos recurrir. «Juro que es cierto que lloró después de muerta».

El santo (Random House) – César Aira

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Novela de aventuras clásica ubicada en el medievo, en la que un monje que se hace milagros en un pueblo catalán que decide volver a su pueblo natal, en Italia. La historia pierde su tranquilidad cuando se frustra un plan para matarlo, lo que lo lleva a África. La escritura de Aira (nominado en 2015 al Man Booker), siempre desafiante y de altos vuelos, adquiere tonos frenéticos y a veces románticos. En el marco del conjunto de la vasta obra del autor argentino —desde su primer libro, en 1975, hasta ahora, ha publicado casi una centena de títulos entre novelas, relatos y ensayos, y prepara una nueva obra de poemas—, El santo resulta de lo más destacado en los últimos años.