Miguel Gomes, el crítico de cine que no se frustró

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Por Rafael Romandía

Suele decirse que el crítico de cine es un aspirante a cineasta y pasado un tiempo sin el éxito conseguido, un cineasta frustrado. Difícilmente alguno de ellos lo reconocerá. A excepción de los masoquistas, nadie pretende traer al presente fracasos que ya se han superado.

El español Vicente Molina-Foix, quien pisa ambos terrenos profesionalmente, cree que «en realidad, esa sentencia debería pronunciarse a la inversa, pues, en mi opinión, tanto el escritor como el cineasta son críticos de literatura y de cine frustrados respectivamente. Su trauma es que no están capacitados para juzgar la realidad».

Suena poco convincente dicha afirmación si se toma en cuenta que un cineasta tiene acceso a presupuestos públicos, patrocinios comerciales y fondos de festivales cada vez más frecuentes. Un crítico, por el contrario, depende única y exclusivamente de su medio. Uno de los fines que ambos comparten es subsistir de lo que hacen. El primero lo logra generalmente con mayor solvencia.

Además, poner en un curriculum que antes de estrenar en la quincena de realizadores de Cannes, el director se dedicaba a la crítica cinematográfica, es un elemento que hace engrosar el prestigio. En contraparte, ni siquiera el crítico de cine que logra vivir de ello, suele tener en su historial el haber ganado premios festivaleros alrededor del mundo.

Hay quienes logran dar el paso y el portugués Miguel Gomes (Lisboa, 1972) fue uno de ellos. Tras concluir la licenciatura en la Escuela Superior de Teatro y Cine, comenzó a publicar crítica y teoría cinematográfica en el diario lusitano Público. Sentó en papel las bases para un futuro promisorio.

El pasado de Gomes no es tan extenso. Apenas tiene 43 años. A los 27 estrenó su primer cortometraje, Entretanto (1999). Cinco años después lo hizo en formato extenso, A Cara te Mereces (2004). Pero no fue hasta 2012 con Tabú, que logró un reconocimiento con mayores privilegios.

Si con Tabú ya había tenido un enorme  respaldo de parte de la crítica y los premios, As Mil e Uma Noites (2015) es la trilogía que lo coloca en plena forma como un referente del cine de autor europeo. La cinta que Gomes divide en tres partes, fue incluida dentro de las diez mejores películas del año según varias revistas de prestigio como Cahiers du Cinema, Sight and Sound y Film Comment.

Parece guardarle mucho aprecio al formato cinematográfico corto por excelencia, pues enmedio de esos dos largometrajes dio a conocer Redemption (2013), una cinta de 26 minutos que se trata de su trabajo con mayores tintes de multiculturalidad. Experimental en todas las capas, borra por completo los límites de la realidad y ficción, además de que cuenta cuatro historias en apariencia desconectadas y habladas en idiomas distintos: portugués, francés, italiano y alemán.

El cine Gomes amerita una digestión paciente. Hay baches que permiten la respiración y el conocimiento profundo de las culturas que explora. No hay contextos explícitos pero tampoco abandona al espectador ni lo deja a la deriva, aunque sí le exige buscar las zonas en donde se mantendrá a salvo y disfrutará mejor.

FICUNAM en su sexta edición, presentará una retrospectiva de Miguel Gomes.

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