EL VY o cómo soportar la espera para un nuevo álbum de The National

Por Luis Manuel Rivera

Aún no tengo claro cómo voy a sobrellevarlo y creo que no lo tendré pronto. Igual prefiero no pensarlo demasiado, pero el día que The National se desintegre como agrupación, algo importante cambiará en mi espectro musical. Supongo que volveré constantemente a sus primeros discos, compraré viniles y lados B de versiones alternas aunque sea apenas perceptible lo que cambie en cada una de ellas. Iré como obsesivo a tiendas de discos usados a buscar ediciones que ya no se consiguen nuevas. Me refugiaré en la nostalgia.

Hace algunos meses me tatué en el brazo derecho dos letras de la portada del Alligator (Beggars Banquet, 2005), el mejor disco de ellos según gran parte de la crítica. Aunque para mí tal elección sería como la del padre que le piden decir quién es su hijo favorito: existe pero cuesta mucho reconocerlo, moral y técnicamente. Esperé a que se convirtiera en un «clásico» (10 años de existencia según los más férreos melómanos) para hincharme la piel de tinta negra. Lo hice porque me di cuenta hace tiempo que podía escuchar sus canciones en un loop constante y permanente, y antes que hartarme de ellas me devendría algún problema de sordera o algo similar.

La voz de Matt Berninger, líder de The National, es de barítono. En algún momento asistí a un coro y el maestro me confirmó que estoy también en esa tesitura. Concordancias insignificantes que afianzan la admiración. Al diablo los tenores.

Otra insignificancia que me vuelve atractiva a la banda es que la conforman dos parejas de hermanos, los Dessner y los Devendorf; y Berninger en solitario, al frente, como centro delantero de un equipo de futbol.

Al parecer, después de más de 15 años de carrera, les ha llegado esa etapa en la que necesitan verter sus instintos musicales en otro proyecto que no sea el que los vio nacer. Bryce Dessner (guitarrista), aunque ya lo venía haciendo tiempo atrás, se embarcó ahora en su trabajo personal más ambicioso: componer junto al gran Ryuichi Sakamoto la música para The Revenant, el próximo filme de Alejandro González Iñárritu. De cualquier forma eso juega en paralelo con The National, yo mismo, con todo y mi obsesión por la banda, no podría identificar un score compuesto por Dessner. Sin embargo, lo que sí es posible tomar como un respiro para hacer más llevadera la espera de un nuevo disco de los de Cincinnati, es el nuevo proyecto de Berninger: EL VY.

El otro 50% de la nobel banda es Brent Knofp, quien aunque tiene como principal actividad la composición de bandas sonoras, es también líder de Menomena y dueño del proyecto Ramona Falls.

«Return To The Moon (Political Song for Didi Bloome to Sing, with Crescendo)» es el título del primer sencillo que publicó El VY hace algunos meses. Si no me falla la obsesión, no había nada nuevo en voz de Berninger desde «Lean», tema que compuso su banda para el soundtrack de The Hunger Games: Catching Fire. Sí, escucharía una canción de The National así fuera parte de la banda sonora de Transformers 12. Eso es admiración. Retirarle el respeto a un artista sólo porque colaboró con alguien que consideras «comercial» o fuera de tu exquisito gusto, pura pose.

El título del álbum es homónimo del primer sencillo pero sin el extenso paréntesis. Es verdad, la voz de Berninger resulta tan particular, o al menos así me lo parece, que cualquier especializado en criticar con poco fundamento, encontraría muchas similitudes entre EL VY y The National. Yo no encuentro demasiadas, sin embargo las hay, de otra forma no me serviría como el bálsamo que sentencia el título de este texto.

El disco empieza de forma poderosa y tras un pequeño descanso rasposo con «I’m the Man to Be», levanta como caballo de carreras en la recta final. «Paul Is Alive», «Need a Friend», «Silent Ivy Hotel», «No Time To Crack The Sun» e «It’s a Game» son singleables o sencilleables (de cualquier forma ningún término existe) sin problema alguno. En adelante, las cuatro canciones que cierran el disco vuelven una zona menos poderosa pero no por ello desdeñable.

No se trata del disco del año (¿qué carajos es el disco del año?) ni mucho menos, pero sí un digno material para calmar la ansiedad que provoca una espera que, según aseguró Pitchfork hace unos días, no se verá resuelta en 2016. A ver si Return to the Moon nos alcanza para todo un año.

El-VY-Return-to-the-Moon-Artwork