60 años de Polanski: Los demonios viven en un mismo techo

Por Josué Corro

Alguna vez Federico Fellini dijo: «Toda obra de arte es autobiográfica… una perla es la autobiografía de una ostra». Ningún otro cineasta puede ejemplificar mejor estas palabras que Roman Polanski a través de su denominada «Trilogía de departamentos».

La saga compuesta por Repulsion (1965), Rosemary’s Baby (1968) y The Tenant (1976), explora la psique y los miedos de un puñado de personajes dentro de cuatro paredes. Una sensación que Polanski conoce perfectamente: durante su infancia vivió el terror del Holocausto. Su madre murió en Auschwitz, y él tuvo que escapar de un ghetto en Polonia; sobrevivió escondiéndose en cloacas y robando comida.

Esta experiencia ha marcado su filmografía y vida, y, aunque estas cintas son consideradas epítome del thriller psicológico, ocultan diferentes lecturas, o mejor dicho críticas a una sociedad donde la misoginia y la xenofobia, son un lenguaje que se entiende mejor bajo un techo que sirve como una prisión momentánea.

Un dios salvaje

En su cinta Carnage, adaptación de la obra de teatro de Yasmina Reza, Polanski una vez más nos enfrenta a los problemas existenciales de sus protagonistas, que son potencializados por una claustrofobia inminente. En este caso dos matrimonios (encarnados con humor y dramatismo matemático por Jodie Foster, John C. Reilly, Kate Winslet y Christoph Waltz) se reúnen para hablar sobre una pelea entre sus hijos. Lo que parece una velada diplomática termina como un escenario bélico cuando el alcohol, los prejuicios socioeconómicos y la tensión conyugal corrompen a estas cuatros personas y su sentido de cordialidad.

Si bien Carnage a primera instancia sólo contiene un elemento común con la «Trilogía de Departamentos», el entorno físico, Polanski demuestra que bajo la superficie sus cintas contienen un lazo narrativo e ideológico, que al igual que sus personajes, se debaten con sus demonios internos.

Sexualidad enclaustrada

A mediados de los 60, Polanski comenzaba a forjar su nombre como uno de los cineastas jóvenes con mayor talento. Su ópera prima Knife In The Water (aunque más bien su debut se dio en 1955 con un cortometraje titulado Rower) había logrado que los ojos del cine regresaran su mirada a Inglaterra, donde había iniciado su carrera (en aquellos años Francia y Estados Unidos dominaban la industria).

Con su segundo filme, construyó una obra incisiva sobre la esquizofrenia y el terror psicológico con Catherine Denueve. Carol es una migrante belga que comparte un departamento en Londres con su hermana; su actitud antisocial se dispara cuando vive sola por uno días: comienza imaginar que hay alguien más viviendo en el departamento y que intenta violarla.

Polanski recrea ambientes claustrofóbicos con una sexualidad perenne; su maestría como director logra confundirnos y por momentos no sabes si lo que vemos es real o simplemente un producto de la imaginación retorcida de Carol. En Carnage como en Repulsión, el espacio geográfico se vuelve un personaje más de la cinta; una antagonista, un catalizador que incita a que la historia tenga un punto climático.

La semilla del mal

Unos años después de filmar Repulsión, Polanski fue reclutado por Paramount para realizar su primera cinta hollywoodense. Antes de firmar contrato, leyó una novela llamada Rosemary’s baby. Quedó fascinado por el libro que habló con los altos mandos del estudio y decidió adaptarla y dirigirla. El resultado fue una de las cintas más influyentes del cine de terror.

La historia se desarrolla en el edificio Dakota (famoso años después por ser el escenario de la muerte de John Lennon), donde se muda una joven pareja. Al principio este departamento es idílico y representa una nueva vida para Rosemary su esposo: su propia casa es el inicio de una familia. Todo es perfecto, incluso los vecinos parecen ser celestiales, hasta que, luego de una pesadilla donde ella se ve como la víctima sexual de un demonio, comienza a padecer síntomas de embarazo…. El resto es historia.

El director exprimió el talento de sus actores (sobre todo de Mia Farrow), y al igual que en Carnage, la mayoría de las escenas están plagadas de ritmos, miradas y la fortaleza histriónica de los protagonistas. Farrow se robó los elogios, pero fue Ruth Gordon, como la vecina satánica, quien ganó el Oscar como Mejor Actriz de Reparto.

Ahora, Winslet y Foster realizan un sutil y a la vez tenso tour-de-force como dos mujeres con afán de protagonismo. Su actuación es la verdadera fuerza de la cinta. Además de este punto en común, hay otro mucho más escondido: En ambas cintas, Polanski ilustra cómo la urbanidad denigra nuestros instintos básicos de supervivencia. La desconfianza que provoca que otras personas invadan y te hagan sentir incómodo en tu propia casa, se vuelve un fantasma que incendia un polvorín de sentimientos que estalla con consecuencias fatídicas.

repulsion

El segundo holocausto

Pasó cerca de una década para que Polanski regresara al thriller después de que su esposa Sharon Tate fuera asesinada unos meses después del estreno de Rosemary’s Baby. En The Tenant, ambientada en París, Polanski protagoniza esta historia sobre un migrante que ocupa el departamento de una mujer que se acaba de suicidar. Poco a poco los otros residentes del edificio comienzan a confundirlo con la ex inquilina. Por si fuera poco, el único baño del piso da directo hacia su habitación, donde se da cuenta que sus vecinos pasan horas inmóviles, observándolo. 

The Tenant es uno de los trabajos más sólidos de Polanski, quien madura como cineasta y presenta una obra de suspenso clásico, donde la taquicardia no se presenta como un ente físico, sino en la sensación de saber que tu vida corre peligro y no hay nada que puedas hacer para evitarlo.

Este sentimiento es el que permea Carnage, The Tenant, la «Trilogía o Tetralogía» y la vida de Polanski; los departamentos, esta reclusión virtual logra que afrontemos nuestras obsesiones y nuestra consciencia pruebe su límite. Para Polanski no hay puertas abiertas, ni la luz de una ventana, para él la única forma de sobrevivir es convirtiendo la tragedia en arte.

Roman Polanski rosemarys baby