Rastreo: Moon Moon, entre la psicodelia, la experimentación y el Clonazepam

Por René Soltero

Leo lo siguiente en un artículo de una revista de espectáculos: «la dictadura del tráfico hace que sea mucho más rentable hablar de Drake o Justin Bieber que de un productor emergente de bass music británica.» Tras leer la publicación, que sugiere que las lógicas y el flujo incesante de Internet han llevado a una generación completa (la nuestra) a privilegiar el gusto chato de lo pop en lugar de la diversidad y la curiosidad musical, surge un ligero gesto de trágica aprobación. ¿Puede pensarse lo contrario? En un mundo dominado por Spotify y las redes sociales, se escucha lo mismo a Grimes que a Taylor Swift, a Ariana Grande que a Kanye West. Es la dictadura de lo random, la generación del flujo de canciones en shuffle. Pero no se escucha cualquier tipo de canciones: se trata de canciones pop, un cierto tipo de electrónica y hip hop. Son los nuevos ganadores en esta partida de popularidad en el nuevo siglo. Esto no quiere decir que el oído se esté banalizando o segmentando, al contrario, pero hace más difícil buscar propuestas alejadas de esa nueva supremacía que relega al olvido de la segmentación a músicos de jazz o regionales. Lo mismo ocurre con el rock. En revistas como Slate, desde hace un par de años se viene augurando su muerte como género predominante en la música popular. Arcade Fire y The National son algunos de los últimos grupos nacidos en los dosmiles que tienen una fuerte suma de seguidores, sin embargo, vemos una caída estrepitosa en el auge de nuevas bandas de rock en comparación con aquellos individuos que quieren ser diyeis. En suma: aquel nuevo crítico musical y escucha consideran que si escuchas rock «estás viejo y acabado».

Esa idea no es del todo cierta y más si se aplica a países como el nuestro. En Latinoamérica, se sabe, las propuestas interesantes, se encuentran en el subterráneo y lo independiente. En el rock psicodélico, por ejemplo, bandas como Boogarins y Graveola e o Lixo Polifônico (Brasil) o The Holydrug Couple (Chile) han puesto de nuevo en el radar el interés por los sonidos nebulosos y las experimentaciones sonoras, ininteligibles y llenas de mucho color y texturas densas. En México,  a pesar de que no es una tendencia, existe una revitalización del subgénero, con proyectos muy interesantes como los chihuahuenses Maw o los tapatíos Lorelle Meets The Obsolete.

En un tono similar a las bandas mencionadas, Moon Moon hace de la experimentación una premisa, solo que en su caso lo maximiza: no hay en ellos un atisbo de concesiones hacia lo pop. En su primer disco predominan los sonidos de sintetizadores analógicos, las vocalizaciones lo-fi y mucho ácido. Con aires del krautrock, el shoegaze y de bandas seminales como Broadcast, se trata de una de las sorpresas más inesperadas de este fin de año en nuestro país.

En varias de sus piezas predomina un tono ominoso debido, en gran medida, al uso de sintetizadores y una producción muy lograda que da una sensación de claustrofobia y estados alterados; muestra de ello son las guitarras y bajos punzantes de «It’s Not Enough», las armonías oscuras de «Ed Gain» o los toques minimalistas de «Shadow Girl». Mención aparte merece esa sobredosis de sintetizadores de nombre «La Oruga».

Pero no todo en el disco es psicodelia. En «La Ramel» y en «Sex Machine», el garage sirve de marco para que sus integrantes se metan en las atmósferas crudas de los riffs y las bases sólidas. Por otra parte, en «08 Shadow Girl (v2 Vinyl Safety)» una guitarra acústica domina de forma nostálgica el paisaje sonoro. Probablemente, el tema más bello del álbum.

A todas esas críticas que abogan por la muerte del rock, el disco de Moon Moon parece darles una bofetada. En ese sentido, son una forma de resistencia que no deja de gritar que existe mucha vitalidad en ese género que se encuentra en aparente fase de respiración artificial.

Moon Moon está conformado por Daniel López (Batería), Nicolás García (bajo), Andrés Quiroz (mellotron, cuerdas y sampling) y Alejandro Escobedo (letras y voz). Charlamos con Alejandro a propósito de la publicación de su disco.

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Su proceso creativo como músicos ha sido largo. Hace diez años, cuando tenían otro nombre, tocaban indie y ahora han dado un giro más experimental. ¿Qué es lo que los motivó a ese cambio?

Creo que cualquiera que se diga músico tiene o siente la necesidad de avanzar. Hace 10 años mis ideales y perspectiva eran otros. El igual que mi espectro musical, nuestra meta era llegar a mucha gente y cosas así, me gustaba lo que hacía pero no me llenaba en cuestión musical. Por ejemplo, hoy hacía una canción que me encantaba y mañana la odiaba.

Recuerdo que hace 10 años me llevaba a tocar un Sequential Circuits Prophet 5 junto a un Roland SH-09 que llevábamos en taxis y sin case ni nada por el estilo. Un poco ingenuo y punk todo el rollo. Nos hacíamos una hora conectando todo en cualquier tocada y la gente aguantaba y aguantaba, pero al final el espectáculo era bastante bueno. Pero al final la sensación de querer «algo más» (musicalmente hablando) me llevó a deshacer la banda.

Comencé con proyectos personales y así terminé haciendo un disco que en lo personal me encanta, de post-rock y es un 98% instrumental, ejecutado con mil cosas viejas y olvidadas, como una vieja cámara de echo Echoplex de los 60s, sintetizadores análogos viejos, una Leslie, y muchos Clonazepam. Fue un proceso muy largo, pero al final lo terminé y por ahí anda. Nunca he dejado de hacer música, tengo una gran conexión con los sonidos y creo que nunca dejaré de experimentar. Eso me orilla a cambiar en todo momento.

¿Cómo surge Moon Moon?

Surge hace dos años en Tlatelolco, donde actualmente vivo. Comencé a componer cosas nuevas y las iba dejando olvidadas por que me surgían nuevas ideas y las ideas viejas las iba reciclando y así comencé a armar las canciones (todo un enredo), después las ensamblábamos con toda la banda (Daniel López, batería; Nicolás García, bajo; y Andrés Quiroz, sintetizador) y nos prendían mucho, así que me dio por grabar un disco con esto, compré todo el equipo para hacerlo (discusiones con la pareja incluidas). El tema de gastar una suma considerable de lana en «fierros e instrumentos» siempre será un «issue» entre los músicos (risas). Bueno, el caso es que terminé con un estudio en mi cuarto, intenté grabar pero no me gustaba el resultado, así que acudí a un amigo de hace mucho tiempo, Hugo Quezada (Robota, Nos Llamamos), para que me echara la mano con la grabación. Dicen que es mucho mejor que alguien externo te ayude con esos procesos y la verdad es que estoy totalmente de acuerdo: tú como músico «te casas» con tus sonidos pero existen miles de posibilidades en una canción y la perspectiva cambia totalmente cuando viene de alguien ajeno a tu proyecto. Así comenzó todo.

Parece que la tendencia musical en «la escena» mexicana es simplificarse: bandas sin riffs o arreglos, piezas acompañadas con solo guitarra o incluso bandas que se acercan más al pop o a otros géneros. Ustedes en cambio, apuestan por la experimentación, por el rock…

He escuchado de todo estos últimos años, desde jazz, son cubano, kraut, psychedelic, neo-psychedelic, pop italiano de los 60 y muchas cosas más, creo que es muy importante el siempre escuchar algo nuevo y en mi caso es simplemente un hábito, creo que lo que más escuché en el proceso de grabación fue Spacemen 3, Sun Ra, Hector Lavoe, CAN, Broadcast, White Noise y Antonio Carlos Jobim. Apuesto todo a la experimentación y al ruido porque es lo único que se hacer, así es como veo la música.

Podría dormir con el “feedback de un amplificador a todo volumen a un lado de mi cama y sería el más feliz.

«La escena» mexicana en realidad tiene grandes bandas nuevas que me encantan y que espero compartir escenario con ellas en algún momento, no todo está podrido en México, sólo hay que voltear para abajo y levantar algunas piedras. Del mainstream, ni hablamos.

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Moon Moon cuenta, además de excelentes composiciones, con una producción muy cuidada. Se escucha una voluntad de que las voces suenen ininteligibles, que las guitarras tengan un cierto volumen y haya un tono de misterio y de que la batería suene compacta y maquínica en otras piezas. ¿Podrían hablarnos un poco del trabajo detrás de la consola?

El proceso de composición ha sido muy largo. He tratado de cuidar mucho esa parte, en el disco hubo una preproducción donde Diego Elgarte y Hugo Quezada me ayudaron. Fue muy divertido. Entre chelas y desmadre salió este disco y me encanta que haya sido así, no es un disco de «plástico» como abundan en México, es un álbum muy sincero y directo.

Hugo Quezada se encargó de escoger los sonidos en la grabación y lo hace increíblemente bien. Diego Elgarte es un gran músico y se encargó de grabar todos los bajos en el disco. Dejamos las voces un poco abajo porque queremos alejarnos un poco de todo lo que se hace actualmente y al mismo tiempo darle un toque más profundo, algo más misterioso. Usamos todo el arsenal del estudio Progreso Nacional y jugamos con un Mellotron, un Jupiter 8, un Korg MS-20 y un Pro One pasados por cámaras de echo y amplificadores viejos. Al final quedó un sonido increíble, me encanta.

La producción estuvo a cargo de Hugo Quezada, al igual que la mezcla. La masterización estuvo a cargo de Harris Newman (Arcade Fire, Timber Timbre, Tindersticks, Elephant Stone, El Otro Yo, Enjambre, entre otros.) Estoy muy contento con el resultado.

¿Qué significa para el grupo la participación de Harris Newman en el proceso final del disco?

Ha sido una sorpresa. La participación de alguien de ese tamaño en el proyecto ha sido increíble, con toda la experiencia que tiene hace que nuestro trabajo cierre de una forma inesperada, el sonido creció aún más y le dio un toque personal desde su estudio en Canadá. El proceso de postproducción, producción y mezcla son pasos críticos en la grabación, pero la masterización es la última parte, tu carta de presentación, el sonido «final» de todo tu esfuerzo, y qué mejor que lo haya hecho Harris Newman.

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Pasando a otro tema, háblame de los gustos musicales y pasatiempos de cada uno de los integrantes.

Nuestros gustos musicales son muy amplios. Los cuatro escuchamos música distinta, como en el caso de Daniel López: sus gustos musicales son más cercanos al hip-hop, al rap y el psychedelic garage. A Nicolas García le gusta mucho el jazz y también todo el pedo experimental de la neo-psicodelia. A Andrés Quiroz le gusta desde el post rock, el garage y la neo-psicodelia hasta la salsa. En mi caso es parecido, todos esos gustos musicales más el blues, el son montuno, la salsa clásica, y el bossa nova.

Compartimos el gusto por el futbol pero no así el mismo equipo: Dani es Puma al igual que Nico, Andrés es Cruz Azul y yo soy chiva (algún defecto tenía que tener). Jugamos juntos en Santa María la Ribera una vez por semana y como en todo, hemos tenido días buenos y días malos.

«Ed Gein» es mi pieza favorita del álbum. Hay en ella un tono crudo y apocalíptico. Me gusta sobre todo ese riff de sintetizador, lo cual me lleva a la pregunta: ¿cómo elaboran una pieza, alguien viene con el riff o se construye comunalmente?

Las piezas se construyen prácticamente con un riff, con una idea y comienzo a trabajar sobre esa idea y voy añadiendo cosas como órgano, sintetizador, bajo y posteriormente le doy a Dany una idea de como me imagino la batería y comenzamos a armar todo en conjunto, la composición corre por mi cuenta pero ensamblamos todo juntos y si nos prende la dejamos, si no le movemos cosas ya entre todos. En el caso de «Ed Gein» el riff me salió jugando con el bajo: lo grabé para que no se me olvidara (cosa que pasa muy seguido); por eso, ahora grabo todas las ideas con cualquier cosa. Comencé a construir la base y se me hizo un tema muy fuerte, un riff muy agresivo, la ensamblamos y nos encantó ese sonido sombrío y crudo, Nico me dio la idea de hacerle una letra que hablara de un asesino serial que nos gusta a ambos, «Ed Gein», así se nombró y la letra está inspirada en él.

Cuando la grabamos en realidad el riff de sintetizador no existía, se le ocurrió a Hugo Quezada y él mismo ejecutó ese riff en la grabación, recuerdo que fue un proceso divertido por que usamos un sintetizador Korg MS-20 y tardamos un rato en encontrar un sonido adecuado y cuando lo encontramos le añadimos un pedal de expresión y resultó un sonido súper krautrock.

Grabamos varios fraseos de la letra y al final decidimos dejar el más sobrio para que no compitiera con los otros arreglos, nos gustó mucho la idea de dejar la letra en el fondo para que tu atención se enfocara en todos los sonidos que hay en la grabación, feedbacks, leads y atmósferas, fue un gran trabajo y espero que la gente lo disfrute igual que nosotros.