Sergio del Molino escribe lo que a nadie le importa

Por Luis Alberto Rivera

Di con Sergio del Molino por una casualidad. En el marco de la edición 2013 del Festival DocsDF, tras tomar un curso de documental en torno a la música con el valenciano Eduardo Guillot, me llamó la atención un texto que posteó en Facebook. El link tenía como destino el blog de del Molino y ahí se hablaba de Pep Guardiola.

Jamás he leído a nadie que describa mejor al entrenador catalán. Quizá no he recorrido los textos pertinentes. Pero no importa, aquello fue suficiente para que me interesara en la obra de Sergio. Se refería al exfutbolista desde una posición de poco o nulo interés por el fútbol, lo que dejaba de lado cualquier fanatismo arraigado o costumbre deportiva que generalmente deriva en textos aduladores. Eso me pareció lo más valioso de unas líneas que a pesar de todo dejaban en la mente un cabal retrato de Guardiola.

Desde entonces me dejé llevar por cualquier párrafo con el que me encontrara bajo su firma. No fue errada la decisión.

A pesar de que su obra se remonta a 2009, cuando a los 30 años debutó con la serie de relatos Malas Influencias (Tropo Editores), no fue hasta aquel año del descubrimiento, 2013, que del Molino trascendió al ganar el Premio El Ojo Crítico y el XXXV Premio Tigre Juan por su novela La hora violeta (Mondadori), una desgarradora crónica en donde cuenta el doloroso proceso de perder a un hijo.

Tardé mucho tiempo en ceder al libro electrónico y los libros físicos de Sergio no se conseguían en México. Terminé por caer en las mieles de Amazon y su Kindle. Tras ello le di al famoso “Comprar ya en 1-clic”. En segundos La hora violeta llamó a mi correo electrónico en formato digital. Jamás creí pagar tal cantidad de dinero (alrededor de $160) por un producto que nunca voy a poder tocar ni oler. Fue mi debut como consumidor de la literatura sin papel.

Tras leer La hora violeta me cuestioné qué tanto le debe del Molino a su hijo Pablo la relativa fama con la que ahora cuenta. ¿Estaría yo escribiendo esto si Pablo aún viviera? ¿La mayor desgracia de su vida vino a permitirle vivir de la escritura? ¿Necesitamos sucesos de tal magnitud que nos alienten a arrojarnos sin miedo sobre la hoja en blanco?

Haber pasado por la obra más premiada del madrileño me había calmado esas ganas de echar un vistazo a su escritura. Lo mismo que un texto que apareció a principios de este año en la revista Gatopardo, en donde Sergio explica a Podemos, Pablo Iglesias y todo lo que ello representó para España. De la plaza a los palacios. Hoy las condiciones del partido español han cambiado tanto que aquellas líneas tienen fecha caducidad vencida.

Esas pocas hojas firmadas por del Molino y el archivo .mobi que sigue guardado en mi aplicación de Kindle con todos los puntos azules llenos que marcan que se ha recorrido el libro hasta la última página, parecía suficiente material para continuar la espera hasta que sus libros cruzaran el Atlántico. Periódicamente hacía una búsqueda en los sitios web de las librerias de mayor alcance sin obtener éxito alguno.

Sin embargo, en la reciente Feria del Libro del Zócalo de la Ciudad de México, a unas horas de que finalizara, pasé con una amiga por el estand de Penguin Random House, pregunté por un libro que no tenían. Y así, de bote pronto, ella me dijo, “mira, el Sergio del Molino”. Corrí a tomar Lo que a nadie le importa, lo pagué en la caja y salí satisfecho del lugar. Ahora estoy en ello. Contradiciendo a la frase con la que el español ha titulado su más reciente novela. Haciendo recorridos en metro con el libro de papel en la mano. Ignorando a mi lector electrónico. Intentando entender un fragmento de la historia de España a través de la vida del abuelo José Molina.