Blur en México: Un helado que no nos cansamos de devorar

Por Adrian Ávila

Muchos de los eventos musicales de hoy en día parecen sobrevivir a partir de la nostalgia. A lo largo de los años, no pocas bandas llenan estadios tan sólo por un prestigio que erigieron al inicio de sus carreras, pero del cual ya no queda mucho. Sin embargo, este jueves la banda inglesa Blur demostró que después de 25 años de carrera, aún puede avivar el vigor juvenil en el público.

Apenas las luces del Palacio de los Deportes de la Ciudad de México se apagaron, el sonido de una caja musical se escuchó, una canción de carrito de helado en la oscuridad pronosticaba lo que se esperaba. Blur abriendo su concierto con «Go out», tercer tema de su último disco The magic whip (2015). Y es curioso que parte de la iconografía del mismo sea un helado, porque Blur es así, un sabor familiar, algo que se mantiene por años con el mismo sabor y consistencia, pero el cual causa sorpresa en cada encuentro.

Aunque The magic whip me pareció un álbum demasiado largo, fue un buen regreso de la banda inglesa al mundo musical, y esto se manifiesta no sólo en la experiencia de quien los escucha, sino en ellos mismos. Durante el concierto parecían más cómodos al interpretar las canciones de su nuevo álbum, mientras que los clásicos parecían un simple trámite. Esto mismo había sucedido con la presentación como solista de Albarn en el Corona Capital del año pasado, pues, aunque tocó clásicos de sus otras bandas como Gorillaz o The Good, theBad and the Queen, el concierto fue excelente tan sólo con escucharlo interpretar canciones de su álbum Everyday robots (2014).

Una de las partes climáticas de la noche fue muestra de ello. Casi a la mitad del concierto, el riff minimalista de «Bettlebum» comenzó a sonar, una canción dedicada a la heroína levantó al público de sus asientos para hacerlos saltar al compás de los guitarrazos de Graham Coxon. El juego de luces se volvió más violento y caótico. La gente coreaba la voz de Albarn recordando aquella canción clásica, pero al terminar, de inmediato, las luces se apagaron e hilos de luz plateada corrieron en la oscuridad para llevarnos al viaje espacial de «Thought I was a spaceman» con un ritmo de vals. Lo clásico con lo nuevo se conjuntaron como si no existiera la diferencia de años entre las canciones.

Sin embargo, el mayor problema del concierto fue su locación. Es difícil escuchar a Blur tras el antecedente de su presentación en el Vive Latino del 2013, pues, aunque fue un concierto más nostálgico, la calidad en el audio resaltó por mucho hace dos años. El Palacio no cuenta con la acústica suficiente para mantener la calidad de estos músicos. Basta comparar los metales de «The universal». Mientras en 2013 resaltaron junto a los coros, en la versión del Palacio se perdía entre los otros instrumentos, es decir, el problema de audio hizo que en ocasiones los instrumentos perdieran su peso y por lo tanto la armonía de la banda en general.

A pesar de esto, no se puede negar la calidad del concierto. Aunque el audio fallaba por momentos, sobre todo en la parte de las gradas, la ejecución de los músicos fue impecable. Damon Albarn podrá tener múltiples proyectos con artistas de gran talento como Paul Simonon (The Clash), James Hewlett o Flea (Red Hot Chilli Peppers), pero sólo Blur puede ofrecernos solos de guitarra exquisitos como lo hizo Graham Coxon con «For tomorrow»; sensuales cadencias de bajo cual Alex James con «To the end».

magic whip

Dave Rowntree destacó por la limpia ejecución de su batería que podía darnos momentos delicados, «Out of time», y otros violentos, «For tomorrow», y por encima de todo, el segundo momento climático, «Song 2». Bastó con que ejecutara las primeras notas de la canción para que el público identificara la melodía y comenzara a gritar “woooo hooo”. Aquel efecto improvisado logró una introducción in crescendo haciendo que la participación del público generara una nueva interpretación del clásico de la banda.

Canciones inesperadas, “Country Sad Ballad Man” o “Trimm trabb” aparecieron en medio de un repertorio tan fresco como clásico. “Coffee & TV” puso a cantar al público anhelante de un amor a quién cantar aquellas líneas. “Grils & Boys” puso a prueba la resistencia de baile. «Tender» invirtió el escenario, pues las luces del vals las hizo el público que en vaivén movía sus celulares mientras coreaban “Love’s the greatest thing” y con «Parklife» el público subió al escenario con una chica vestida de lechita.

Siempre me he pensado que los álbumes buenos son aquellos que en el conjunto de sus canciones funcionan en torno a un todo. Blur es un equivalente, pues a pesar del talento o la fama de algunos de sus músicos por encima de otros, cada uno es necesario para lograr hacer que una noche de jueves no sea una simple noche de jueves, sino un momento para recordar el resto de la vida, para cantar “although the words are wrong”. 

Repertorio:

  1. «Go Out»
  2. «There’s No Other Way» 
  3. «Lonesome Street» 
  4. «Badhead» 
  5. «Ghost Ship» 
  6. «Coffee & TV» 
  7. «Out of Time» 
  8. «Country Sad Ballad Man» 

(First performance since 2000)

  1. «Beetlebum» 
  2. «Thought I Was a Spaceman» 
  3. «Trimm Trabb» 
  4. «Tender» 
  5. «Ong Ong» 
  6. «Parklife» 

(With fans on stage)

  1. «Song 2» 
  2. «To the End» 
  3. «This Is a Low»
  1. Encore:
  1. «Stereotypes» 
  2. «Girls & Boys» 
  3. «For Tomorrow» 
  4. «The Universal»