Entrevista: Javier Corcuera, documentar la vida como acto cinematográfico

Javier Corcuera

Por Alejandro Romero

Con la mira puesta en el presente pongo aquí una conversación realizada al director y documentalista de origen peruano Javier Corcuera, esto a propósito de la celebración de actividades de la décima edición de DocsDF, misma que iniciará el próximo 15 de octubre y culminará el 24 del mismo mes. Para este año la selección se divide en distintas subcategorías. resaltando Buffalo Juggalos, una cinta de 30 minutos que transcurre en Nueva York y aborda la cotidianidad de los juggalos, una especie de pandilla citadina que satisface su andar causando destrozos y atormentando al vecindario.

Han sido días delicados para el país. La estabilidad social se mece en líneas de tolerancia cada vez más delgadas. Y mucho de lo que sabemos se da por lo registrado desde una cámara. Hace casi un año, el 5 de noviembre de 2014, la noticia de la captura y detención del alcalde de Iguala José Luis Abarca y su esposa, María de los Ángeles Pineda, puso las miradas de todo México en el estado de Guerrero. Con esa imagen, la del matrimonio Abarca en uno de los televisores del Hotel Roosevelt, inicié una serie de encuentros y conexiones que reafirmaron en mí el valor de la comunidad y entendí que ahí afuera, en las calles, conviven a diario un montón de historias en donde el director y el actor protagonista son el mismo personaje y que en caso de que ésas sean contadas, la realidad y la ficción podrían ser planteadas desde una mirada individual hasta casi diluirse.

A propósito de la novena edición del Festival Internacional de Cine Documental de la Ciudad de México (DocsDF), el director de origen peruano Javier Corcuera está de visita en la ciudad para atender y presentar frente al público y la prensa su más reciente largometraje Sigo siendo, Kachkaniraqmi en donde Perú es retratado a partir de sus costumbres y tradiciones musicales partiendo del Río Amazonas hasta Lima, la capital, y el significado que adquiere Kachkaniraqmi, un saludo en la lengua quechua-chanca que aparece en un texto del etnólogo, escritor y poeta José María Arguedas. Las historias de los protagonistas describen la historia contrastante de la cultura andina y sus periodos de transición.

Después de la rápida noticia de que entrevistaría al director de manera inesperada, esperé 30 minutos divididos en dos partes. La estancia del comedor del hotel había sido adecuada para recibir a la prensa en su propósito de entrevistar a Corcuera. El lugar olía a café. Los fotógrafos de algunos medios locales como La Jornada y La Prensa esperaban y terminaban de empacar  sus cámaras, parecía que el tiempo para las preguntas se había terminado. El sol quemaba mi paciencia incendiándola en seco. El televisor y sus noticias desfilaban incesantes,  una detrás de la otra, y las pláticas entre reporteros creaban nudos en el aire. Necesitaba una computadora, quería ver una vez más el trailer de  la película. Mientras articulaba las  últimas preguntas en mi cabeza buscaba insistente una respuesta a mis 20 minutos de retraso.

Le quería hacer preguntas referentes a sus premios y a su relación con el cine, pero las respuestas ya estaban en Internet. Llevaba siete preguntas y ya sabía que la plática giraría en torno a su relación como cineasta con la sociedad y los motivos generales de sus cintas. Al cabo de un rato y de una charla extensa con un par de colegas, acerca del multifamiliar C.U.P.A y algunos de sus atributos arquitectónicos, mi turno para entrevistar a Javier había comenzado.

Ya adentro, en una sala pequeñita pero muy espaciosa, el cineasta me esperaba con la mirada sería y un apretón de manos de esos que parecen cerrar un pacto. Con la grabadora apagada y mi cuadernillo de preguntas resbalando entre mis dedos, decidí tomar asiento en una de las tres sillas colocadas en la estancia. Él se sentó frente a mí y no dejaba de mirarme. Lo salude de nuevo y traté de ser lo más amable posible, le pregunté que en dónde había estado antes de su arribo a México y que si actualmente tramaba algún otro proyecto, a lo que después de varios segundos, y ya con la grabadora encendida, contestó a mi primer pregunta. Ahí comenzaron mis quince minutos de plática con Javier. 

¿De dónde vienes?, ¿qué estabas haciendo antes de arribar a México?

Vengo de Lima, llegué el domingo. Actualmente trabajo en una productora y vivo entre Lima y Madrid.

Al ser un documentalista y trabajar de cerca con la sociedad ¿qué representa para ti la comunidad en tu trabajo y en tu quehacer diario? 

Yo hago películas que tocan de alguna manera las formas de vivir y de organizarse que tenemos. Siempre me han preocupado en mis películas los temas sociales, pongo un poco la mirada en las problemáticas y en las formas de convivir de algunos sectores. Evidentemente es un tema en el que deposito la mirada.

¿Consideras necesario que el documental aborde este tipo de temas?

El documental tiene que tomar todos los temas que hagan falta, pero tampoco tiene porque ser elaborado en base a discursos o fines políticos o sociales. Como cualquier obra cinematográfica tiene que contar una buena historia, eso es lo que realmente importa.

¿Cuál era el contexto social en tu niñez y juventud, cómo creciste?

Yo crecí en Perú, a las afueras de Lima en un seno familiar en la que mi padre es un poeta peruano, crecí en un entorno de músicos, de pintores, poetas, artistas, fue una escuela para mí. La adolescencia la pasé en uno de los momentos más dramáticos del país, en la guerra de los años 80. Siempre hubo una preocupación por los temas sociales y el arte en las distintas épocas que he vivido hasta ahora, eso también me marcó. Luego me fui a vivir a España en donde estudié cine y comencé a hacer mis propias películas. Me gustaba cuando era un niño futbolista, siempre me ha gustado el futbol y trato de que siempre salga una secuencia en mis trabajos.

¿Qué hizo que te inclinaras por el formato documental?

Se dio de manera natural, empecé hacer cosas por encargo, y poco a poco el género me fue atrapando al grado de no poder escapar.

¿Cómo seleccionas a tu equipo de trabajo?

Trabajo con personas que conozco desde hace muchos años y que además de ser buenos cineastas y de yo apreciar su trabajo también son muy buenos amigos, eso facilita las cosas al momento de grabar. Somos una gran familia.

¿En dónde buscas y cómo desarrollas tus investigaciones, el resultado termina siendo  el que buscabas?

A la investigación le dedico mucho tiempo, trabajamos con ese tema por todo el mundo ya que a partir de ahí nace el tema y el hilo conductor de la historia. Probablemente es la parte más importante de todo el proceso. Por ejemplo, para Sigo siendo, Kachkaniraqmi la investigación me tomó aproximadamente un año. Y soy yo quien hace el rastreo y la mayoría de las entrevistas salvo que sean en otro idioma, en esos casos me ayuda un traductor o parte del equipo.

¿Hay manipulación en las respuestas? Con esto me refiero a que si tratas de encontrar una respuesta que te resuelva la cuestión o dejas que el entrevistado se explaye aunque los resultados no aporten mucho. 

La historia la conforman las respuestas. Cuando las respuestas no son próximas a lo que buscas o esperas representar pues tienes que omitirlas y seguir intentando hallarlas. La realidad te va dictando lo que tienes que hacer y el camino que tienes que seguir. Toda película, como en cualquier otra expresión artística, el resultado es la visión del autor respecto a un tema. Evidentemente cuando trabajas con vidas reales los protagonistas se tienen que reconocer en el trabajo que has hecho si no la película es un intento fallido.

¿Qué te llevó a decidir el tema de Sigo siendo, Kachkaniraqmi?

 Tenía muchas ganas de contar cosas de mi país, creía que tenía una deuda pendiente con Perú. El cine recolecta muchas características de otras expresiones e intento que mis cintas tengan cierta carga poética, entonces es cuando entra en juego una serie de cosas que delimitan las temáticas, en este caso la música tradicional, sus orígenes y la connotación actual en la sociedad. A menudo me pregunto si en verdad merece la pena realizar la película y me inspiran los deseos de hacerla, a veces una necesidad no muy racional, una especie de instinto. Este proceso me llevo cuatro años.

¿Cuánto tiempo te tomas para concebir un proyecto de principio a fin? 

Los meses de rodaje en Invierno en Bagdad me resultaban eternos, el contexto era difícil porque era una película que requirió mucho trabajo previo ya que estábamos en medio de una guerra y las historias eran realmente duras, así que para procesar la información, rodar las tomas, hasta tener el resultado final fue un poco ajetreado. La cinta es una metáfora y fue filmada en 2004, un año después de los bombardeos, además era invierno y eso hacía referencia a lo que algunas maestras le contaban al alumnado diciéndoles que a causa del invierno tenían que abrigarse bien y permanecer cerca del grupo. Sin duda Irak sigue viviendo un largo invierno. Estás en donde tienes que estar.

¿Has entablado relaciones después de terminar el rodaje de los documentales?

Claro, siempre las hay, me gusta disfrutar de la amistad. Te haces amigo de los protagonistas, se convierte en una relación afectiva, si no, no hay película.

¿Consideras que tu vida podría ser una película? 

(Risas). La vida de todos podrían ser películas, aunque a veces están mal montadas y podrías cambiar el final, ponerlo al principio, detallar al personaje. Pero sí, en realidad todo podría ser una gran historia digna de ser contada.

Por último, ¿si fueras pájaro hacia dónde volarías? 

Haría como los pájaros que son muy listos, se van con el calorcito. Cogería lo mejor del norte y lo mejor del sur, sin inviernos, el invierno es un error. 

Con las manos metidas en las bolsas de mi chamarra, y él sosteniendo un vaso de unicel, nos despedimos otra vez de manos. Me preguntó por la nota y su fecha de publicación, a lo que respondí de manera precipitada que si yo corría con suerte seguramente saldría pronto, tal vez al siguiente día, pero no, la suerte no estuvo conmigo durante toda la semana y una serie de actividades impidieron que esta entrevista viera la luz antes del regreso de Javier a Perú. Por último, antes de cruzar la puerta que me conducía a la salida me detuve y le pregunté si creía en la suerte, su respuesta fue: “Claro, pero la suerte se busca, no viene sola y hay veces que no la merecemos.”